AMLO encadenado

Gerardo Fernández Casanova
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Desde hace más de veinte años hemos venido haciendo la advertencia de que el régimen neoliberal es perverso pero no ha sido estúpido; ha dejado candados suficientes en previsión de que llegara al gobierno –que ya llegó– un proyecto patriótico, popular y democrático, al efecto de dejar suficientemente protegidos sus intereses y privilegios. A dos meses de iniciado el gobierno de AMLO es evidente el esfuerzo titánico que se realiza para tratar de encauzar el nuevo rumbo y enmendar los entuertos del pasado. La recuperación de la soberanía en materia de energía, petróleo y electricidad, dan muestra clara de lo que trato de decir. Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, que son los baluartes de tal soberanía, están hechas pedazos como resultado de políticas diseñadas precisamente para tal efecto, con grave riesgo de quiebra. El robo de combustible era una actividad institucionalizada y la entrega de contratos de obra y suministro de electricidad a las empresas particulares, principalmente españolas, y el correspondiente cierre de plantas propias de la CFE se convirtió en generosa forma de vender al país; también se incluyó la toma por la CFE de proyectos inicialmente planeados para los privados que, ante las dificultades de orden técnico, económico y, principalmente, socioecológico, en perjuicio de la población y de la empresa estatal. Es el caso de la planta hidroeléctrica de Huexca, en el estado de Morelos, al que me quiero referir.

          Desde su planteamiento inicial, el llamado Proyecto Integral Morelos (PIM) provocó el rechazo de especialistas y pobladores, obligados a emprender luchas vigorosas para su cancelación. Los gobiernos federales de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, secundados por los nefastos Rafael Moreno Valle y Graco Ramírez, gobernadores autoritarios, represivos y corruptos de Puebla y Morelos, respectivamente, reprimieron y encarcelaron líderes para cumplir su avieso objetivo, pasando por encima de todo, la ley incluida. El proyecto fue encadenado a un contrato de construcción y financiamiento (Pidirega) por más de 20 mil millones de dólares y sometido a los juzgados de Nueva York para el caso de controversias. De esta manera el actual gobierno está aherrojado: si cancela el proyecto, que ya está terminado, tendría que pagar el monto del contrato más otro tanto por penas de incumplimiento, suficientes para acabar de quebrar a la CFE; y si lo opera, se enfrenta con la población afectada en un conflicto social de pronóstico reservado. Optar en cualquiera de los sentidos reviste una enorme dificultad. Es el poder encadenado.

          López Obrador ha exigido a los técnicos garantizar, incluso con aval de la ONU, la no afectación en materia de agua y ambiente, con lo cual ha sustentado su decisión de llevar adelante el proyecto; ofreciendo todas las medidas posibles de mitigación o compensación por daños. Se presentó frente a la población afectada en reuniones privada y pública para, sin reservas, dar la cara al conflicto y, ante la postura inamovible de los opositores, optó por someterlo a consulta popular, desde luego sin aún disponer de los instrumentos legales para hacerlo, lo que abrirá un amplio boquete para la crítica a la acción de su gobierno.

          Mi particular postura es que no nos queda de otra que apechugar y votaré por el Sí al PIM. Lo anterior no obsta para hacer ver que AMLO cae en un grave error, 1) porque en el universo a consultar incluye a todo el estado de Morelos, a cuya enorme mayoría el tema no le afecta de manera directa, y 2) porque está desgatando el muy delicado y valioso recurso de la consulta popular. Hay tiempo para corregir y buscar una mejor negociación.

          Por otro lado y para acabar dando una buena noticia. Napoleón Gómez Urrutia ya convocó a la formación de una nueva central obrera que pugne por los intereses de los trabajadores y por la democracia sindical. De la misma forma en que la sociedad en forma mayoritaria determinó el fin del régimen de la corrupción y los privilegios, toca ahora a los trabajadores, parte sustantiva de la sociedad, dar el paso a la terminación del sindicalismo venal y contrario a los intereses de los trabajadores, así como al ancestral dominio de sus líderes charros y antidemocráticos. A México le hace mucha falta contar con la fuerza de los obreros organizados en sindicatos honestos, no para someterse a un nuevo régimen, por excelente que éste sea, sino para consolidar el carácter social de la transformación en marcha. Enhorabuena.

 

 

Tanteos y chantajes

Gerardo Fernández Casanova
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Como es acostumbrado al inicio de un nuevo gobierno, las fuerzas políticas y económicas procuran medir el talante del iniciante. Es algo comprensible; tradicionalmente el candidato muestra un rostro atractivo en busca de votos que normalmente difiere a la hora de ejercer el gobierno. A 60 días de su toma de posesión, el presidente López Obrador se ha mostrado decidido a ejercer su mandato sin sorpresas y hacer lo que propuso en su largo camino para llegar a la Presidencia. Intolerante a la corrupción y al gobierno puesto al servicio de los negocios de una minoría, toma el camino de la definición y el enfrentamiento a los factores de la distorsión del carácter republicano. De entrada se echa el trompo a la uña de cancelar la construcción del aeropuerto sobre el lago de Texcoco –joya de la corona de los grandes negocios y de la corrupción con graves afectaciones de orden económico, social y ambiental– para ofrecer una solución eficaz, de mucho menor costo y más rápida mediante la adecuación del actual aeropuerto, la construcción de tres nuevas pistas en la base militar de Santa Lucía y la recuperación de la capacidad subutilizada del aeropuerto de Toluca. El mundo se le vino encima y ya salió airoso de los conflictos propios de le decisión, principalmente los de orden financiero. Se pronosticaba la devaluación del peso, la estampida de los capitales y la caída de la Bolsa Mexicana de Valores; el presidente aguantó y el chantaje se desinfló.

           Entrando al gobierno decidió no ser cómplice del criminal robo de los combustibles a Pemex, cuya magnitud contribuía a la debacle de la empresa y que, mátalas callando, era tolerado por decir lo menos por los anteriores dos sexenios, ambos decididos a acabar con la empresa emblemática de la soberanía nacional. No ha sido fácil; los ductos de trasportación del combustible habían sido objeto de innumerables tomas clandestinas, algunas de tipo rudimentario y de poca monta, pero otras de tamaño industrial que hacían una o varias empresas clandestinas y paralelas a la empresa del estado. Asumiendo la responsabilidad política por las molestias a los consumidores en algunas entidades y por la capacidad criminal de sus autores, se adoptaron las medidas idóneas para vigilar, combatir y reparar las referidas tomas. Hoy, a treinta días de emprendido el combate, ya se ha logrado un alto porcentaje de control y se normaliza el abastecimiento en las entidades afectadas. Los que quisieron averiguar no tardaron en obtener la respuesta; la gente quiere responsables en prisión y seguramente los habrá, sin necesariamente tirar balazos ni formular procesos espectaculares; el seguimiento del dinero será la forma de la persecución e inhabilitación de los delincuentes. Pronto comenzará la chamusquina.

          Entre los gobernadores se generó una tormenta o varias, por la designación de los representantes únicos del gobierno federal, dado la fuerza política que podrían ejercer, y por no haber permitido meter la mano en el presupuesto para etiquetar proyectos en sus estados incluyendo sus antiguos “moches”. Apoyado en su mayoría cameral, el presupuesto respondió a las prioridades establecidas por el presidente y fue satisfactoriamente aprobado. No obstante algunos de ellos se resisten con argumentos válidos y son atendidos; pero no falta el bravucón que pretende ser el que le ponga el cascabel al gato, en un alarde de valentía ante sus colegas. El de Michoacán, Silvano Aureoles, de oscuro maridaje entre Enrique Peña y el PRD, se las juega provocando un severo conflicto con el magisterio de la CNTE, les retrasa el pago de quincenas y deja acumular viejas deudas del estado hacia los mentores y, de alguna manera, propicia la vigorosa protesta magisterial que estrangula las comunicaciones ferroviarias; López Obrador acude en auxilio con recursos anticipados descontables de las participaciones federales al estado y resiste la puja por reprimir la manifestación dado su impacto severo a la economía; resiste y convoca a los maestros a negociar con las vías liberadas y se acepta; pudo haber sido antes pero a costa de quebrar la política presidencial.

         El tema Venezuela y la vertical postura de México es materia de virulentos ataques, principalmente de los ignorantes dirigentes del PAN, que quisieran a México de rodillas ante la asquerosa intervención de Estados Unidos; sin referencia a preferencias políticas por uno u otro bando, el presidente se ajusta a los principios constitucionales y sólo con el acompañamiento de Uruguay se mantiene incólume a las muy poderosas presiones externas e internas. Independientemente de lo que allá suceda México defiende su propia soberanía al respetar la del bravo pueblo venezolano. Por ahí las cosas del nuevo gobierno que no comulga con la simple administración de los conflictos sino que los enfrenta con una nueva y más justa forma de gobernar.