Reflexiones sobre El vértigo horizontal, de Juan Villoro

Ricardo Bravo Anguiano.
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Voy a decirles primeramente lo que el libro, no es. No es un reportaje o ensayo, no es un cuento ni novela, es todo junto, de lo que al autor le gusta escribir. Es una antología de leyendas, historias y aventuras de personajes de la ciudad a través de los tiempos, mezclada con recuerdos personales que nos deja ver una parte de la vida familiar, profesional y política de su autor. Como obra literaria es una narrativa escrita en primera persona.

El contenido del libro está divido en seis partes, como si fueran Líneas de Viaje del Metro: Vivir en la ciudad. Personajes de la ciudad. Sobresaltos. Travesías.

Lugares. Ceremonias.

En cada una de estas partes, el autor nos presenta pedazos de la historia de la Ciudad de México. Por ejemplo, nos relata brevemente la interesante historia del joven pobre, huérfano de padre, Guillermo Prieto de 13 años de edad, quien en 1833 pidió apoyo al ministro de Justicia Andrés Quintana Roo. Éste le consiguió trabajo en la casa presidencial, con el que pudo mantener a su mamá y a su hermano. Estudia, se prepara y triunfa. El presidente Juárez lo nombra secretario de Hacienda. En Guadalajara, Prieto salvó la vida a Juárez. Prieto llegó a ser uno de los escritores y políticos liberales más importantes del siglo XIX (página 125). La otra historia que a mí mucho me gustó, es la del poeta y estudiante de medicina, Manuel Acuña, casado con la poeta Laura, a quien le dedica el poema “A Laura”; pero estaba enamorado y mal correspondido de la musa de los poetas, Rosario de la Peña y Llerena, a quien le escribe el poema “Nocturno a Rosario” (no confundir con Rosario Robles). Ante el desprecio de su amada, a la edad de 25 años deja una nota y se suicida con cianuro, en el cuarto número 13 que ocupaba en la entonces Escuela de Medicina (hoy museo de la Inquisición) en la plaza de Santo Domingo, el 6 de diciembre de 1873 (página 315).

En esta obra, el autor muestra su madura capacidad de relacionar de manera magistral un relato con algo que le llega a su mente, un recuerdo personal, o una obra literaria que traslada al lector a otros lugares y tiempos, por un momento.

En esta obra descubrí una de las herramientas narrativas del autor: usa el método dialéctico. Si habla de los de arriba, no olvida a los de abajo; si habla del presente de la ciudad lo compara con el pasado que ya se fue; es decir, relaciona de manera simultánea una cosa o situación con su opuesto. Al hacerlo de esta manera, amplía el escenario de lo que está analizando; técnica que le permite deducir aseveraciones certeras.

El autor comenta que participó en la elaboración del proyecto que creó la Constitución Política de la Ciudad de México, la que fue aprobada el 5 de febrero de 2017 y que entró en vigor el 17 de septiembre de 2018. Con ella, se cambió el nombre de Distrito Federal por el de Ciudad de México y las 16 delegaciones se transformaron en alcaldías, adquiriendo los poderes que tienen los demás estados de la república. Si bien el cambio fue un gran avance en mi opinión, el nombre Ciudad de México genera confusión, pues refiere a cualquier ciudad de este país y no a su capital, quizá debió llamarse Valle de Anáhuac o algo así; y de paso, le hubieran cambiado de nombre al estado de México, ya que cada entidad federativa del país es un estado de México.

No hay duda de que cada persona que escribe algo sobre la Ciudad de México, muestra una forma diferente de interpretarla y de explicarla. En mi caso, daré algunos elementos para ayudar a entender la ciudad, a que se refiere este interesante libro.

En teoría, la ciudad es un organismo vivo, que nace, crece, se reproduce y puede morir como cualquier otro. Funciona a través de la armonía que existe entre sus sistemas: digestivo, circulatorio, respiratorio, etcétera. El hombre transforma a la ciudad y la ciudad lo transforma a él, en una relación dialéctica indisoluble entre ambos; por eso, se dan formas de convivencia diferentes entre la gente de una y otra colonia, como lo señala atinadamente, Villoro. Por siglos la ciudad ha crecido de manera horizontal, ¡como un vértigo!, como el título del libro, devorando los pequeños pueblos que anteriormente eran sus satélites: Tacubaya, San Ángel, Coyoacán, Tlalpan, Xochimilco, etcétera. Desde mediados del siglo pasado ha empezado a crecer de manera vertical, aun cuando a muchos de sus habitantes no les guste.

Físicamente la ciudad está hecha de diferentes estilos arquitectónicos: prehispánicos, coloniales, modernos, imitadores de otras ciudades y de otros tiempos. Esta ciudad quizá representa el peor lugar para habitar, ya que está amenazada por grandes riesgos: se hunde por estar sobre lo que fue un lago; con la lluvia se puede inundar por estar en un valle endorreico (el agua no tiene salida por gravedad); asentada sobre una región sísmica y está asediada por un volcán activo, más despierto que dormido como su vecino. Pero aun así, la queremos mucho y es difícil abandonarla.

El monstruo de ciudad que tenemos hoy en día, se debe a dos factores que se fueron desarrollando a través de los años: el primero, a la centralización del poder en el nivel federal contra el estatal y el municipal; entre el Poder Ejecutivo contra el Legislativo y el Judicial; y el segundo factor, la concentración de actividades económicas en el Valle de México. Por lo que se requiere aplicar políticas públicas precisamente a la inversa de las mencionadas: descentralización del poder y desconcentración de las actividades económicas en otras partes del país, para reducir la migración a esta ciudad.

Criticar sin proponer, no tiene sentido. Ante los grandes problemas que la ciudad hoy enfrenta, como: agua potable, transporte y vialidad, contaminación, inseguridad y violencia, falta de congruencia entre las políticas públicas del gobierno de la Ciudad de México y las del estado de México, propongo la creación de gobiernos metropolitanos o, mejor dicho, megalopolitanos (con más de 10 millones de habitantes). Estas instancias de gobierno son organismos descentralizados con legislación y recursos propios, que se encargan de atender por separado determinados asuntos, como: agua potable, trasporte y vialidad, vivienda, etcétera. Ejemplo de ello se encuentra en Denver, Colorado; en el Sur de California (en Los Ángeles y en San Diego) y en las ciudades gemelas de Saint Paul y Minneapolis en Minnesota, en USA (el RTD, Regional Transport District se encarga del transporte de pasajeros en el valle de Denver, Colorado, sin importar los límites territoriales de los condados).

Por último, debo decirles que desde los primeros párrafos, este libro nos invita a leerlo, para conocer mejor nuestra gran ciudad, a tratar de entenderla, a quererla y a defenderla. Es una ciudad preciosa, de las más antiguas del mundo occidental, llena de misterios, leyendas, historias y tradiciones; por mucho, es el ombligo de la civilización mexicana, con gente que llegó en algún tiempo del interior del país y de otras partes del mundo, transformándola en una ciudad pluricultural. Varios de ustedes nacieron aquí. Yo, orgullosamente, nací en Michoacán y decidí vivir en esta ciudad. La quise aún antes de conocerla, como la madre quiere a su hijo, antes de nacer.