El cambio va en serio

Gerardo Fernández Casanova
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Con la certeza de que así será me complazco en desearles un muy feliz y venturoso año 2019. México entero está envuelto en la vorágine de un régimen nuevo y distinto, que con la celeridad ejecutiva del presidente López Obrador ofrece un panorama telúrico de emprendimientos apegados a la oferta electoral de campaña. No hay descanso ni desmayo, ni mucho menos duda de lo que hay que hacer. Comenzando desde antes de tomar posesión del cargo, ya había definido la cancelación de Nuevo Aeropuerto en el lago de Texcoco, enfrentando venturosamente a la elite económica y financiera de México y de Estados Unidos.

          En lo fiscal, el Presupuesto de Egresos da suficiente cobijo a los proyectos del presidente y recibe la benévola aceptación del mundo financiero, por su compromiso para mantener el equilibrio en las variables macroeconómicas. La base está en la austeridad y el combate a la corrupción; de ello dan cuenta las políticas de austeridad y reducción de salarios de la alta burocracia, así como la erradicación de prácticas corruptas en el gobierno, cuya joya es o era el robo de combustible, cuyo monto superaba los 60 mil millones de pesos, y el inicio de la depuración y recuperación de la principal empresa del país, criminalmente destruida por los regímenes del neoliberalismo; decisión valiente que rompe con esquemas de manejo de gasolinas en los que se imbrican poderosas fuerzas de la política y la economía que, obviamente, buscarán minar todo el esfuerzo comenzando con la crisis, real y artificial, del abasto de combustibles.

       Especial mención merece el tema de la seguridad. Comienza con un planteamiento adelantado por López Obrador desde 2016, en su libro La salida, para crear la Guardia Nacional; sigue por un aseada y meticulosa selección de los secretarios de la Defensa y de la Marina, rompiendo con la tradición de escogerlos de entre las ternas propuestas por el aparato anterior, en ello AMLO privilegió la integridad y la disciplina de sus elegidos y tiene plena confianza en ellos; luego presentó su propuesta para integrar el organismo con los cuerpos de la Policía Militar y Naval y de lo que pueda aprovecharse de la muy mermada Policía Federal; el planteamiento obliga a la reforma constitucional del caso que requiere de la mayoría calificada en ambas cámaras y de la ratificación de la mayoría simple de las legislaturas estatales, lo que obligará a convencer a un sector de la oposición pero, a insistencia de la periodista Carmen Aristegui, ofrece someterla a consulta nacional, previo a la modificación constitucional que formalice dicho instrumento. La propuesta recibe la oposición de un buen número de organizaciones de protección de los derechos humanos y otros de orden civil, varios de ellos de buena fe, y se abre una instancia de debates en el Congreso para que se manifiesten. López Obrador le apuesta a convencer al Congreso, y cuenta con la seguridad de que en la consulta popular la gente lo va a respaldar, sabedora de no haber otra alternativa que ayude a pacificar al país. Por lo mismo AMLO no espera y, aún antes de las modificaciones, ya está operando y convocando a 50 mil jóvenes para que se incorporen a la GN. Total que, si acaso no funcionaran las aprobaciones, podrán tener cabida en la estructura de seguridad que se construya. Estoy seguro de que podrá convencer.

        La oposición conservadora intenta aprender a serlo, aunque en vez de nutrirse de la realidad nacional, se ha propuesto  poner en práctica los recetarios y manuales de la Internacional Demócrata Cristiana (CIA por sus verdaderos nexos patronales) pendientes del más pequeño resquicio para atacar al régimen “autoritario y pre-dictatorial” (tan por todos conocido). Vaya un ejemplo: el combate al robo de combustible, en sí mismo una hazaña, genera momentos de desabasto en algunos estados; Acción Nacional, sin ningún reconocimiento de que ahí radica parte sustancial de la corrupción y la descomposición de la empresa, manifiesta en voz de su presidente nacional: “exigimos la inmediata solución al desabasto de hidrocarburos”, como si el puñado de votos que lograron les confiriese alguna autoridad para expresarse en tan estúpida forma. Lo mismo con la lamentable tragedia de la muerte de la gobernadora de Puebla, Érika Alonso, y de su esposo Rafael Moreno Valle, exgobernador de la misma entidad –personajes nefastos ambos– provocan toda una orquestación para aplicar el calificativo de “asesino” al presidente. La mezquindad abunda en ese mermado instituto político.

          El Consejo Nacional Indígena y el EZLN, por su parte, también emprenden la guerra contra el nuevo régimen en términos que cancelan cualquier posibilidad de diálogo. El Sub tiene su razón, vaya usted a saber.

          Lo cierto es que el cambio va y va en serio.