El del 68 sí fue movimiento popular

* Los duros, Luis Echeverría Álvarez y Marcelino García Barragán, impusieron su solución: Arnoldo Martínez Verdugo * Entrevista publicada el 21 de octubre de 1978

Carlos Ramírez / Proceso
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Días antes de la manifestación del 27 de agosto de 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz se reunió con su gabinete, ya para esas fechas dividido en duros y blandos. Ahí se manejó la posibilidad de una solución política al conflicto estudiantil.

El secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, tomó la palabra y dijo que había que retardar la solución unos días más, porque la dependencia a su cargo “tenía informes fidedignos” de que el 27 de agosto habría una gran provocación contra el gobierno.

Y en efecto la hubo, recuerda Arnoldo Martínez Verdugo, secretario general del Partido Comunista Mexicano: “Ese día Sócrates se apoderó del micrófono y dijo en el Zócalo que el dialogo con el gobierno debería ser público, el 1º de septiembre a las 11:00 horas y en la misma plaza de la Constitución”. La provocación de Sócrates fue consciente y “servía a la gente del gobierno interesada en que el movimiento concluyera con una gran represión que desorganizara a las fuerzas de la izquierda por muchos años”.

¿Cuál era la actitud de Díaz Ordaz? ¿El aceptaba los puntos del pliego del CNH?

—Sí. En las conversaciones privadas que tuve con Alfonso Martínez Domínguez se dejaba ver. Él decía que el Presidente aceptaba liberar a presos políticos, renunciar a sus dos jefes policiacos e iniciar la democratización del país, pero señalaba que había que mantener el principio de autoridad del gobierno, por eso pedía que el movimiento se disolviera unilateralmente, para que el presidente respondiera por su parte, sin presiones.

¿Por qué la represión contra el movimiento iba también contra la izquierda?

 —Se dieron tres hechos en 1968: en abril fue recibido oficialmente en México el embajador de Vietnam en La Habana, cuando la guerra en ese país era más dura y más acentuada la intervención de los Estados Unidos; en mayo fue recibido el alcalde de Moscú por el jefe del Departamento (del Distrito Federal), Alfonso Corona del Rosal. Y a fines de mayo el presidente Díaz Ordaz recibió por primera vez, desde Ávila Camacho, a la dirección de PCM.

Días después, dice a Proceso Martínez Verdugo, el jefe de la FBI (policía federal norteamericana), Edgar Hoover, dio a conocer los resultados del XV congreso del PCM de 1967 y decía que Arnoldo Martínez Verdugo y otros dirigentes comunistas estaban haciendo depósitos de armas para una revolución. “Estas intrigas fueron un factor importante para el tipo de decisiones que adoptó Díaz Ordaz en relación con las exigencias del movimiento estudiantil”. Las peticiones del pliego del CNH (Consejo Nacional de Huelga) eran relativamente limitadas, pero de haberse resuelto favorablemente hubiera sido un gran triunfo del movimiento democrático y le hubieran dado una gran fuerza a la izquierda. El movimiento estudiantil debía quedar como movimiento político. Aunque señala que la responsabilidad de la represión de Díaz Ordaz fue compartida por todo su gobierno porque no hubo renuncias por la matanza del 2 de octubre, el dirigente del PCM afirma:

“Echeverría jugó un papel personal como instigador de la represión del 2 de octubre y en el curso del movimiento. Era una forma de asegurar su ascenso a la Presidencia de la República, como el hombre más fiel al presidente Díaz Ordaz y como el más adecuado para los cálculos de la oligarquía nacional y del imperialismo”.

Después acusa: “El gobierno en realidad no quería acabar con el movimiento a través de la negociación. Como portavoces de Díaz Ordaz había funcionarios que dialogaban con grupos de miembros del CNH pero no con sus dirigentes: eran los hermanos Martínez Domínguez, De la Vega y Caso, Corona del Rosal, Aguirre Palancares. Pero lo que buscaban era dividir el movimiento”.

“Al PCM Alfonso Martínez Domínguez, entonces presidente del PRI, le ofreció su registro a condición de que influyera en el CNH para que el movimiento terminara. Nosotros rechazamos esa proposición, pedimos que se negociara con los dirigentes autorizados del CNH y apoyamos el pliego de seis puntos”. Añade: el gobierno se tuvo que dar cuenta que el movimiento no podía ser manipulado y que ya no daban resultado sus antiguos métodos de división y de mediatización. Antes que ceder, no tuvieron otro camino que la represión. “Todos los negociadores gubernamentales ofrecían soluciones parciales y en forma ambigua. Nosotros buscábamos que se solucionara el pliego del CNH y que se dialogara con los dirigentes del movimiento. Si el gobierno no aceptaba, pedíamos que lo dijera públicamente o que dijera qué puntos podría cumplir, para que el CNH concluyera si eran o no suficientes”.

El Partido Comunista, dice Martínez Verdugo, fue acusado de provocador. Precisa el papel que jugaron en 1968: “Nosotros participamos en el movimiento por dos hechos: por su importancia histórica y porque el gobierno reprimió la manifestación del 26 de julio y esa misma noche allanó nuestro local de las calles de Mérida y detuvo a varios de nuestros dirigentes Yo era entonces secretario general del partido”.

El movimiento de 1968, apunta, tuvo un carácter estudiantil y popular “No tiene razón Marcelino Perelló cuando afirma que fue solamente estudiantil. El movimiento tuvo la virtud de incorporar a la lucha política a fuerzas muy importantes de la clase obrera, aunque no a toda esa clase. El pliego del CNH reflejaba no solamente las demandas de quienes estudian, sino presentaba también reivindicaciones democráticas para toda la población. En las manifestaciones había pancartas de electricistas, ferrocarrileros, petroleros y otros grupos de trabajadores, además de la activa participación de intelectuales”.

Dice Martínez Verdugo que una nota de Proceso aclara una confusión que se manejó en contra del PCM. En agosto de 1968 se distribuyó una hoja supuestamente firmada por los dirigentes del Partido Comunista, de la Juventud Comunista (de México) y de la CNED (Central Nacional de Estudiantes Democráticos), que proponía “la juventud al poder”, al tiempo que llamaba a las armas. Era un material apócrifo y desorientador. El autor de esa hoja, dice, fue Mario Guerra Leal, quien editaba también otro tipo de materiales para desvirtuar el movimiento, explica. Pero ese documento falso fue utilizado como prueba en los procesos de 1968 contra los miembros detenidos del PCM para condenarlos a prisión.

Acepta Martínez Verdugo que miembros del PCM eran asimismo dirigentes estudiantiles ante el CNH, pero no estaban apoderados de la dirección ni decidían la conducción del movimiento. Niega, por tanto, que el movimiento de 1968 haya sido una “conjura comunista”.

Por instrucciones de Díaz Ordaz, el presidente del PRI, Alfonso Martínez Domínguez, sostuvo pláticas con el secretario general del PCM, Martínez Verdugo, para encontrarle una salida al movimiento. Las citas eran en casa de Enrique Ramírez y Ramírez. La tercera reunión estaba fijada para el 2 de octubre, al caer la tarde.

“Antes de salir de donde estaba yo escondido –había orden de aprehensión contra mí–, recibí un telefonema de un compañero que había ido a la manifestación de Tlatelolco. Me relató la agresión. Suspendí la entrevista, pues estaba claro que no había ninguna posibilidad de negociación”.

Martínez Domínguez, dice el líder comunista, era del grupo que se pronunciaba por una solución política del movimiento. Otros eran Corona del Rosal, Guillermo Martínez Domínguez y Jesús Reyes Heroles. Los duros estaban representados por Luis Echeverría y el general Marcelino García Barragán.

¿Qué buscaba Martínez Domínguez?

—El partía del hecho de que en el CNH y en el movimiento había miembros del PCM y que el PCM, por tanto, participaba activamente en los sucesos No negamos esa afirmación y dijimos que teníamos un gran interés en que triunfara el movimiento y que después quedara como un gran movimiento político. Las entrevistas fueron con la autorización de la dirección del PCM y a petición del presidente del PRI.

¿Qué buscaban esos intermediarios gubernamentales?

—Que el movimiento terminara. Martínez Domínguez ofreció que si el PC contribuía a ese propósito, se le facilitaría el registro como partido político. Yo le dije que ese argumento era de naturaleza distinta al propósito del movimiento. Lo que había que defender eran los 6 puntos del pliego del CNH y no el registro. Sacamos de la discusión el asunto del registro y los derechos del PC, porque era tramposo, indebido y deshonesto.

¿Y qué curso tomaron las pláticas?

—Canalicé la discusión hacia la búsqueda de soluciones que para nosotros no eran más que el cumplimiento de los 6 puntos y el diálogo público, no hubo por parte del PC otro interés más que elevar el triunfo del movimiento por sobre cualquier interés partidista.

“Hubo otros diálogos parciales. Arturo Martínez Nateras, dirigente de la CNED (y hoy secretario del Comité Central del PCM), conversaba con el regente Corona del Rosal. Pero siembre buscamos la solución a las demandas del pliego. Son calumniosas las especulaciones sobre la conducta del PC.

El contenido de la segunda conversación con AMD fue el siguiente: Martínez Domínguez argumentaba que si el movimiento se levantaba, entonces el presidente Díaz Ordaz estaba dispuesto a resolver los problemas que le planteaban: liberar presos políticos, renunciar a los jefes policiacos Cueto y Mendiola y crear una situación en la que el Presidente procedería a cierta democratización del país. El PCM señalaba que esos argumentos debían plantearse como compromiso público del gobierno y ante los dirigentes del CNH.

“Pero el gobierno nunca quiso dialogar con los dirigentes del CNH ni dar una respuesta pública a las demandas, aunque fuera a plazos. Nosotros nunca asumimos la solución como partido, nunca consideramos al PC como dirigente del CNH. Esta fue una versión desorientadora y una propaganda provocadora”.

¿Justificaba Martínez Domínguez la represión?

—La atribuía a la misma dinámica de los cuerpos policíacos que a veces se envolvían en situaciones sin salida. Rechacé esa afirmación. La responsabilidad era del gobierno. El responsable de la matanza del 2 de octubre fue todo el gobierno de Díaz Ordaz. Había matices de negociadores, que no los exculpan. Díaz Ordaz fue el principal responsable, pero la comparten todos los miembros de ese gobierno. Para deslindar responsabilidades tenían que renunciar; pero nadie lo hizo. Al final todos apoyaron la solución represiva.

¿Y cuál era el temario de la tercera reunión?

—Buscar puntos de acuerdo que, de concretarse, Martínez Domínguez los comunicaría al Presidente y nosotros los llevaríamos al CNH a través de nuestros compañeros.

¿Había perspectivas?

—No descartábamos posibilidades de acuerdos, pero las cosas estaban muy adelantadas el 2 de octubre. Había compromisos muy fuertes del gobierno contra el movimiento y se veía venir la solución represiva. Nosotros considerábamos hacer un último esfuerzo en esa última entrevista. Después del 2 de octubre el movimiento estudiantil presentaba un panorama desventajoso: los principales miembros del CNH, detenidos; los manifestantes, reprimidos; los puntos del pliego, sin resolver. Entonces el PCM llamó a un “repliegue temporal”.

¿Qué buscaban?

—Luego del 2 de octubre el movimiento estaba prácticamente aplastado y en gran parte descabezado. Plantamos un repliegue, sugerimos levantar la huelga y mantener las reivindicaciones para reconcentrar a los estudiantes en escuelas con el regreso a clases. Los comités de lucha estaban debilitados y las asambleas disminuían en su asistencia.

La razón era la siguiente: en enero de 1969, en un artículo publicado por Martínez Verdugo en la revista Nueva Época: “¿Qué otra cosa podía hacer ya no digo un movimiento estudiantil, sino cualquier otro después de ser colocado en esa situación, aun pasando por alto las evidentes exageraciones de la descripción y el derrotismo que rezuma? Lo único que podía hacer es lo que trata de hacer y haría mejor y más rápidamente si no le interfirieran los saboteadores disfrazados de izquierdistas, que complementan la represión gubernamental: reorganizar sus filas y prepararse para una nueva ofensiva”

Pero, dice ahora el dirigente del PC, desgraciadamente el movimiento fue en descenso y disminuyó la participación. Las contradicciones más fuertes le impusieron más dificultades para mantenerse vivo.

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