Medios, periodistas, el torbellino AMLO y su 4T

Rogelio Hernández / Servicio Especial de la Mujer
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Más de un periodista con simpatías por Morena debe haber comenzado a alarmarse por lo que están haciendo los políticos más novatos en el Congreso de la Unión, o por lo que enuncian quienes serán mandonas y mandones en Presidencia, en Gobernación y en Comunicaciones y Transportes.

Dice Jesús Ramírez Cuevas que por ahorro, unificarán el sentido y alcance de los mensajes de todas las secretarias, dependencias y Poder Ejecutivo a los ritmos y tonos del inquilino del Palacio Nacional. Pequeñas unidades de trabajo harán el trabajo operativo en cada lugar. Habrá control central.

Dice también que por ahorro, recortarán a la mitad el gasto público federal en publicidad, lo que alcanza a gobiernos estatales. También en esto habrá control centralizado.

Igual según sus propósitos democratizadores de la información, darán menos publicidad a los cuatro o cinco grandes corporativos mediáticos.

Ampliarán ese gasto y dispondrán de una bolsa especial para “fomentar” otro tipo de periodismo.

Todo de esto significa que debilitarán a medios industrializados y tratarán de acercar simpatía de empresas medianas y pequeñas. Eso es inducir a la homogeneización de la información disminuyendo la fuerza de unos y acercando a otros al proyecto de la cuarta transformación (4T).

En Guerrero, silenciosamente se fue fraguando una iniciativa para regular también el gasto publicitario y negarlo a medios y periodistas que inciten a la polémica y reflejen la violencia. Decenas de periodistas de medios y corrientes diversos exigen frenar esa ley porque será otra forma de mordaza.

Algo similar debe estar ocurriendo en otros congresos donde Morena es mayoría. A sus legisladores inexpertos les gana la embriaguez del poder súbito.

En el Senado, cientos de comunicadores, académicos y algunos periodistas lograron impedir que se ratificará una intención autoritaria en la ley de administración que se había aprobado en la Cámara de Diputados. Ya no decidirá la Secretaría de Gobernación la administración y estrategias de estaciones de radio y televisión públicas. Por ahora.

Todo esto, visto en conjunto, debe alertar a periodistas demócratas y más a los que, como este reportero, han pugnado por darle más información plural a la gente y que medios y trabajadores de la información puedan ejercer con seguridad, responsabilidad y, sobre todo, con libertad.

El tesoro de los medios públicos.

A falta de estrategias claras de la 4T en relación con la comunicación social se perfilan tentaciones de centralizar mensajes y medios públicos, atraer a sus causas políticas a cientos de periodistas y fregar a los medios privados que han logrado altos márgenes de autonomía. Esto sería como abducir, sorber, la autonomía en aras de un mejor futuro, al que no se le nota forma todavía.

Los medios públicos son el gran arsenal para que un gobierno centralizador con tintes autoritarios pueda equilibrar, e incluso anular la información de otros medios y periodistas. Algunos datos indican la importancia de los medios públicos.

Para circular información el Estado tiene a la agencia Notimex, que tiene normas legales para no ser vocero de gobierno. Aunque en los últimos años, sus directores han tenido miedo de informar con más amplitud y autonomía. No descartemos que, en los hechos, también la quieran “gerenciar” desde Presidencia.

El gobierno federal y los gobiernos estatales no cuentan con medios impresos formalmente, salvo gacetas oficiales. Eventualmente mandan imprimir folletería propagandística. En contraste, los impresos privados al iniciar 2017 eran, de acuerdo a la Secretaría de Gobernación, 1 mil 225 (579 diarios y 646 revistas impresas).

De medios electrónicos existen alrededor de 56 sistemas de radio y televisión pública que integran la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisión Educativas y Culturales.

De televisión pública eran 32 emisoras, de las que 24 pertenecen a gobiernos locales de entidades estatales; cuatro de carácter federal que son operadas desde el la Ciudad de México (Canal 22 de la SEP, Canal 11 del IPN, y “Una Voz con Todos” que opera el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR); cuatro dependen de universidades públicas (UNAM, Sonora, Nuevo León y Guadalajara), destacan las del sistema del Estado de México, Canal 21 de la Ciudad de México y los canales de los poderes Legislativo y Judicial. Recién comenzó a trasmitir el canal del Congreso de la Ciudad de México.

De radio, según los datos de SPR “en el ámbito federal, el Instituto Mexicano de la Radio es la instancia encargada de administrar más de 20 estaciones a nivel nacional; entre ellas destacan las siguientes: La B Grande de México, Opus, Reactor, Horizonte y Radio Ciudadana, en la Ciudad de México y estados aledaños. El IMER tiene una fuente de financiamiento alterna por servicios de producción e ingeniería a terceros, así como la posibilidad de recibir patrocinios.

Por separado funciona Radio Educación, con una cobertura metropolitana en la Ciudad de México y 16 estados de la república y por vía satelital a todo el territorio nacional, Centroamérica, el norte de Suramérica y el sur de Estados Unidos.

Adicionalmente, 16 estados cuentan con estaciones de radio operadas por gobiernos locales, tanto en AM como en FM. Hay también más de 50 radiodifusoras universitarias. Destacan Radio UNAM, Radio U de G, Radio UAS e Ibero 90.9.

Localmente existe un sistema de 21 radiodifusoras culturales que transmiten en 32 lenguas indígenas.

Insisto. Los medios públicos son el gran arsenal para que un gobierno centralizador con tintes autoritarios pueda “equilibrar”, e incluso anular la información de medios y periodistas no vinculados a la 4T. No han cerrado la intención de centralizarles decisiones. Buscarán otras vías.

¿Permitiremos que pase eso, aunque simpaticemos con ese torbellino que es AMLO y sus legionarios novatos de la 4T? Están removiendo y alzando todo lo que no ofrezca suficiente peso y resistencia. Bien por los comunicólogos que frenaron un intento y bien por los colegas de Guerrero.

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