¿Hacia qué mar?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Ver hacia adelante. El mar se ve agitado y hay anuncios de tormenta. Se ha procedido a navegar en un mar contrario durante muchos años (casi cien) y ahora parece que hay que pagar las consecuencias de golpe o poco a poco. Como sea. Como sea, pero hay que pagar, bien sea que el sistema capitalista persista (y el mundo, con él, se vaya a la mierda) o bien que las mayorías de ese mundo, anárquicamente, digan ¡basta! y comiencen a luchar por sus derechos (que son los míos, por lo menos). El panorama, pues, no es nada alentador. Lo estamos viendo en el país, en donde si algo, mínimo, se trata de ajustar, los vientos de los mercados se arremolinan y tiran a la bolsa y al peso y hacen que la estructura económica del país tiemble e, inmediatamente, se tiene que meter reversa a lo propuesto. ¡No es posible!

Esa es la realidad a la que pronto tendrá que hacer frente el nuevo gobierno del país, quien ya vislumbra, por ejemplo, los problemas que ya tiene encima con los migrantes centroamericanos quienes, motivados por aún nadie sabemos realmente quién, recorren territorio de su país a la frontera sur de Estados Unidos en busca de asilo (tratar de detenerlos es inútil, sus derechos humanos van de por medio). Ejércitos de reserva, sí, y por lo tanto míseros, sí, pero también lumpenproletarios que fácilmente también venden su alma al diablo y que hoy, por ejemplo, parece le hacen el favor a Trump para que su política de muro sí, en la frontera sur de su país, triunfe en el Congreso. La verdad es que mientras tanto, por estos días, en Baja California se estén viviendo días de incertidumbre e inquietud, porque los gobiernos locales nada hacen y el gobierno federal está muy lejos de aquí.

Y si en Baja California se viven días difíciles, igual de difíciles son los días que se viven en Chiapas, pues allí lo mismo la población del estado se le echa encima a Manuel Velasco Coello con justa razón, por la manera en que desgobernó al estado durante seis años, que por la alianza vergonzante que tejió con AMLO los últimos meses de este año. A eso se aúnan las críticas ultraizquierdistas del EZLN a quien no le cabe en la cabeza que el gobierno de López Obrador no intenta ser sino un gobierno de transición y no un gobierno de izquierda, comprometido con cosas que no quiere ser (socialista, anticapitalista, revolucionario). Chiapas es un verdadero caldero, pues ella es la primera tierra mexicana que pisan los migrantes indocumentados o no.

Difícil país le toca gobernar a López Obrador –más difícil aún, porque pareciera, a quienes vemos desde fuera su gobierno adelantado, que le cuesta trabajo reconocer la realidad y que prefiere que todo siga igual, sólo con cambios superficiales–, un país de aguas procelosas y tiempos que anuncian tormentas financieras provocadas por los capitalistas asentados en el país y por el gobierno de Estados Unidos, quienes se resisten a llevar la transición en paz y quieren que, durante esa transición, nada cambie y todo siga igual que antes (puro neoliberalismo, pues).

En verdad, ¿cuál será la apuesta del próximo gobierno frente a este mar tan proceloso?

 

 

¿Perdón, aun contra la ley?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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No tiene por qué, el compañero Francisco Gómez Maza (excelente periodista) quejarse de los reclamos que hoy le hacen quienes se dicen cercanos a AMLO por sus señalamientos críticos hacia algunas de las acciones de gobierno emprendidas antes de tiempo constitucional (primero de diciembre) por el político tabasqueño. No hay que olvidar que una de las aristas más filosas del periodismo de opinión es precisamente la crítica y por eso ocasionalmente la más molesta. Quien se lleva, que se aguante, y menos que nadie le debe temer a la crítica hoy el gobernante, cuya tarea es por lo común errática, confusa, corrupta y peor aún impune y por ello, precisamente, sujeta siempre a la crítica periodística… por más equivocados perdones que se le otorguen a la corrupción delictiva.

Comencemos por allí, pues: ¿se le puede en México hoy otorgar al accionar de gobiernos pasados perdón, indistintamente, arguyendo sólo el criterio de tiempo pasado? ¿No acaso la Constitución y algunas de sus leyes secundarias llaman al castigo cuando se han violentado los códigos de conducta, de justicia y de moral en que basamos nuestra vida diaria todos los habitantes del país, tal y como sucede con aquellos que, con cinismo pleno, cometieron corrupción a la hora de manejar los bienes de la nación, tal y como recuenta recientemente Tatiana Clouthier y que son delitos que se persiguen por oficio? Vamos, la respuesta es de una obviedad tremenda. ¿Por qué entonces no aplicar la ley? Yo, a quien recomienda perdón generalizado, le pediría que no olvide estas palabras de Benjamin de su texto “Para una visión crítica de la violencia”: “La función diferenciada de la violencia, según sirva fines naturales o de derecho, se deja apreciar con mayor claridad sobre el fondo de condiciones de derecho determinadas de algún tipo” (yo subrayo al final). ¿Acaso, pues, la corrupción no es violencia?

Un segundo momento hoy confuso en términos de gobernanza adelantada en el país es el de la seguridad pública que, desde épocas de Lázaro Cárdenas (o quizá desde antes) se compartió con el Ejército para remitirlo a él, al Ejército, a los cuarteles (aunque el Ejército no quisiera). A cambio, al Ejército se le dejó negociar libremente lo referente al narcotráfico, que quedó precisamente a cargo de él por cuestiones, supuestamente, de inteligencia militar y que hoy, por esa vía, se quiere justificar así el tema de la Guardia Nacional. Una historia, pues, vieja y muy compleja, a la que no se le está dando la mejor solución.

Finalmente persiste en términos de gobernanza del país el durísimo tema de las migraciones sur-norte que, ya desde Sartori, en el campo de las ciencias sociales ha generado polémicas muy fuertes a la hora de aterrizar la teoría en la realidad y que sobre todo cuestiona si la primera debe mantenerse incólume frente a los cambios brutales que en la actualidad está sufriendo la segunda y que desde la época de la teoría crítica (Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse) tanto nos hizo pensar al respecto, y hoy más cuando cada vez se atraviesa crecientemente en nuestra realidad cotidiana la migración a nivel mundial con todos sus problemas de distribución de la riqueza, pobreza extrema, violencia por guerras e inseguridad social y exacerbación de problemas fronterizos. Ese sí, menudo problema a resolver con Sartori o sin él.

El sentido crítico del periodismo, particularmente hoy, no se puede perder, sobre todo cuando él está sustentado en un saber filosófico y hermenéutico sólido, ¿o no don Francisco?

 

 

La continuidad de la pelea

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Y la lucha continúa. Es natural. A pesar de que todo se hizo y se está haciendo de acuerdo con la ley y las instituciones, los grupos de extrema derecha del país siguen, desde hoy, instigando a la fuerzas armadas para que intervengan en la vida social del país para intentar cambiar el rumbo de las cosas (Eruviel Ávila) o la extrema neonazi sale a la calle en busca de pelea (provocación) y condena las acciones que emprende el gobierno electo del país. De tal forma, pues, se busca que el país arda en las calles para que así, obligatoriamente, las fuerzas armadas (hoy en los cuarteles) salgan a las calles, repriman y se provoque de tal forma una conflagración que impida que el primero de diciembre próximo Andrés Manuel López Obrador, pacíficamente, tome posesión del gobierno del país.  

Esa es, claramente, la intensión de esos grupos.

Nada nuevo lo anterior, se puso en práctica ya en Honduras, Nicaragua, Venezuela, Colombia (con diferentes formas), Ecuador, Brasil, Argentina y Chile, pues se quiere que de ninguna forma esos países adquieran autonomía y puedan así contribuir a levantar un polo económico ajeno a los intereses y tendencias capitalistas dominantes hoy en Estados Unidos, por más que históricamente se le haya demostrado a ese país que América Latina con él no quiere tener sino relaciones de respeto y amistad, pero que económica y políticamente la autonomía es un factor que no puede ser violado de ninguna manera ni por él ni por ningún otro grupo de poder que instigado por ellos, como hoy en México, trate de violar lo que electoralmente ya fue validado por los habitantes del país. Da pena, pues, que con marchitas como la del domingo pasado algunos de esos grupos neonazis impulsen luchas que desde el principio estaban perdidas como las del supuestamente Nuevo Aeropuerto Internacional de México: un aberrante proyecto que lesionaría gravemente el medio ambiente de la cuenca y el Valle de México. Haber descuidado eso, con la construcción de ese aeropuerto hubiera sido una aberración ecológica, ambiental y de desarrollo humano.

            Lo que sí es evidente (lo fue desde que López Obrador era candidato a la Presidencia del país) es que la democracia popular que hoy impulsa AMLO no tiene mucho que ver con los intereses de quienes tradicionalmente, desde fines de la Revolución del 17 hasta hoy, han tenido a su cargo la conducción gubernamental y económica del país, quienes se niegan, ahora que ya no tienen a su cargo esa conducción, a respetar las leyes e instituciones que finalmente reconocieron el triunfo electoral de López Obrador y lo que será su gobierno, quien se vio respaldado por un poco más de 30 millones de votantes. Por eso, esos grupúsculos provocadores, hoy, tienen que respetar, como sea, lo que dentro de la ley se proponga hacer el nuevo gobierno del país.

            A nadie, pero a nadie conviene, de verdad, no respetar las reglas que ese gobierno se ha impuesto e impulsa. ¿O acaso se quiere una nueva constitución, como Monreal lo está buscando, en apariencia?