AMLO presidente anuncia un cambio en el país

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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Desde la primera fracción de segundo de la media noche del 30 de noviembre, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se convirtió en el presidente de los Estados Unidos Mexicanos. La ceremonia de toma de posesión, solo es un acto oficial que ya  no formaliza nada. Él ya está formalizado por la Constitución desde horas antes. Es más bien un acto solemne para que el  mundo y su propio pueblo lo sepan. Pero sí hay que hacer  notar que los tres personajes principales de la ceremonia, el propio AMLO, el representante de la Cámara de Diputados –presidente de la  mesa directiva– Porfirio Muñoz Ledo y el representante del Senado de la República (presidente de la mesa directiva), Martí Batres, tienen una representación formal, jurídica. El único que no la tiene como expresidente, es Enrique Peña Nieto. Independientemente de las  normas internas que prevén esa presencia, hay que tomarlo en cuenta, porque las bancadas opositoras se fijan en esos detalles cuando se trata del nuevo gobierno; se hicieron de la vista chiquita durante seis años pero ahora se están expresando con la reforma propuesta para que Paco Ignacio Taibo II  sea el director del Fondo de  Cultura Económica (FCE). No reclamaron las leyes a modo, ni el manejo utilitario del derecho, pero si quieren boicotear a alguien que no tiene interés de saquear, sino de abrir los ojos con la lectura a buena parte de la juventud mexicana. Ese es el tipo de boicot que organizan.

Dudas, cuestionamientos, reproches, pero el apoyo a AMLO sigue

Una promesa central de campaña no se ha tensado en este largo período: la búsqueda del fin de la corrupción. Los muchos meses que antecedieron el esperado acceso a la silla, fueron una prueba que caló la mano del poder que ejercerá el  nuevo presidente. Decisiones discutidas como la suspensión del NAIM, la convocatoria a consultas, la relación con el empresariado, la cercanía de ciertos personajes repudiados en sus estados de origen, la Guardia Nacional y el nuevo papel del Ejército y la Marina, signaron semanas de críticas, diálogos para calmar tensiones y cambios en algunos proyectos como el de consultar la sanción a expresidentes mediante consulta. En esto se le han adelantado grupos de priistas que pidieron el mismo día del cierre de sexenio, que EPN sea expulsado del PRI. Los últimos actos de EPN  no tuvieron ningún rasgo de generosidad, honró al yerno de Trump, reconoció a uno de los inculpados en el caso Tlatlaya, no dobló las manos en información sobre el caso Ayotzinapa; hubo pavoneos de unidad en un país que siempre estuvo desunido durante su sexenio y habló mucho con mensajes, algunos cifrados, que defendían su tiempo. Pocos le creyeron.

No al chantaje contra Taibo II: más de 50 volúmenes y mecenas del libro

Un caso único de intelectual  mexicano –59 años de residente, 34 de naturalizado– Paco Ignacio llegó huyendo con sus padres en 1959, de la furia asesina de Francisco Franco. Se educó con los libros y el civismo mexicanos, se  nutrió de la literatura y la investigación y la cátedra –a la que ahora pertenece en la UNAM–, también mexicanos. Aquí surgió su Héctor Belascoarán Shayne, el  mismo que en su  novela Adiós Madrid (Editorial Planeta Mexicana, 1999) como el título de la canción de Zitarrosa, quiere regresar cuanto antes a lo que él llama la ciudad chilanga. Novela corta, donde se expresan a granel las palabras que los mochos consideran malas, todavía con su famoso detective que dejó abandonado allá a fines de los noventa, es una sarta de humorismo, de tránsfugas, de trácalas en torno al Penacho de Moctezuma, lo que me recuerda el título de aquel cuento de Raymond Chandler No hubo crimen en las montañas, porque en el caso de Taibo II, nunca nadie se robó el penacho que Belascoarán fue a rescatar. Éste siempre ha permanecido bien custodiado en el Museo de etnología de Viena, Austria, como un gran tesoro que retienen injustamente y no quieren soltar. La obra de Taibo II es enorme sobre todo en las investigaciones históricas que son copiosas, el Che, Pancho  Villa, los yaquis de Sonora, son solo unos ejemplos. Su obra respalda la propuesta de que sea el próximo director del FCE, pero las presiones, el chantaje de los opositores –muy moralistas ahora–, lo tienen en la cuerda floja.