Regocijo, esperanza, reclamo

Jorge Meléndez Preciado
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Un gran alborozo trajo el 1 de diciembre en diversos sectores del país. No sólo en los dos actos importantes que presidió Andrés Manuel López Obrador: en la Cámara de Diputados, al recibir la banda presidencial, y en el Zócalo capitalino, al ser parte del ritual de los pueblos originarios, quienes le concedieron el bastón de mando.

En su trayecto a San Lázaro, un joven en bicicleta que alcanzo a su  automóvil le gritó: “No nos vayas a fallar”, algo que nos recuerda la tragedia de Vicente Fox ante el Ángel de la Independencia que aseguró cumpliría sus promesas y desbarrancó en todo; ahora López Obrador repitió que sería un error  garrafal de su parte no realizar las metas trazadas que hizo, aunque apeló para llevar a cabo su hazaña la ayuda de los ciudadanos, algo necesario, indispensable.

En un restaurante de clase media, cuando se anunció que Andrés Manuel sería investido como mandatario nacional, todo mundo quedó mudo y expectante: el sonido del silencio frente a un hombre que ha sufrido múltiples denigraciones, lo que le ha traído el respeto por luchar a favor de los ideales universales: justicia, democracia, libertad.

En una Plaza de la Constitución abarrotada horas antes de un discurso largo, largo, que plantea 100 objetivos, una buena cantidad emigró a lugares cercanos donde había tele para ver y escuchar lo que era imposible en vivo. Cuando alguien cambio de canal hacía un juego de la liguilla, la raza ya con varias chelas en el pecho, gritó, exigió que no se cambiara la señal y enarboló los coros “Presidente, presidente” y “Es un honor estar con Obrador”, lo cual llevó a que regresaran al acto del nuevo mandatario.

Hizo bien López Obrador en agradecer a Peña Nieto que no se inmiscuyera  en la elección; mejor aún en iniciar su discurso planteando el saqueo de los neoliberales al país y las ruinas en que recibe muchos sectores nacionales, amén de los latrocinios habidos.

Tuvo mucho sentido en responderles a los panistas, quienes desean que los precios de la gasolina bajen ya, al recordarles que ellos empezaron las privatizaciones del petróleo y el saqueo a Pemex; hubiera sido mejor evocar que Felipe Calderón jamás construyó la refinería a que se comprometió.

De su discurso en el Legislativo habrá que destacar la importancia de la  honradez, el ataque a la corrupción, el abatir la inseguridad (hasta donde sea posible), la creación de empleos y el respeto a las libertades de expresión. Pero sobre todo recordar a Madero y la trascendencia de la no reelección.

Humildad, sí, ante los pueblos originarios, respeto a sus costumbres y apoyo en todos los órdenes a su lucha por sobrevivir, crecer, desarrollarse.

            Festejo por la victoria de millones, deseos de cumplir ampliamente y de aceptar la supervisión  ciudadana.

            Nueva época o Cuarta Transformación.

 

Números del presidente AMLO

Jorge Meléndez Preciado
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Tomó protesta como presidente de los Estados Unidos Mexicanos Andrés Manuel López Obrador, luego de contender tres veces por el cargo más importante y más problemático de nuestro país. Aparte de los festejos que hubo el sábado, muchos jamás vistos, lo notorio es que las opiniones de muchos sectores y medios son favorables a su gestión.

El importante semanario inglés, The Economist, señala que López Obrador es el presidente más poderoso de México en los últimos años, quien no debe fallar. Ello por los más de 30 millones de votos obtenidos, además por la  mayoría en ambas cámaras (Diputados y Senadores) y por el control de 19 congresos locales, lo cual le facilitara muchas cosas, algunas de las cuales ya trajeron problemas (en la Secretar de Hacienda y el Fondo de Cultura Económica, entre otros).     

En lo económico, el refrendo de un crédito del Fondo Monetario Internacional por 74 mil millones de dólares y las reservas internacionales del Banco de México por 170 mil millones de dólares, le dan un colchón bastante sólido para llevar a cabo sus planes. Los que serán presentados con sumo detalle por Carlos Urzúa el 15 de diciembre, teniendo como base un presupuesto sin derroches y austero a pesar de los nuevos programas de ayuda a varios  sectores.

Recientemente, el diario Reforma (30 de noviembre) hizo una encuesta que sorprendió.

El 63 por ciento aprobó a López Obrador y el 21 por ciento lo desaprobó, tres a uno. 71 por ciento están optimistas por su llegada al cargo y sólo 19 por ciento se enojó. El 46 por ciento espera mejoras a la economía, el 23 por ciento combate a la corrupción, el 17 por ciento a la inseguridad y el 21 por ciento dice que vendrá un buen crecimiento económico.

Pero hay otros rubros que muchos no esperaban ser muy bien evaluados. 59 por ciento está a favor de la Guardia Nacional, y que ésta se haga con militares, se encuentra el 58 por ciento. Igual número, 58 por ciento, está a favor de  las consultas populares. 62 por ciento considera a Andrés Manuel conciliador. Y 55 por ciento que el tabasqueño fortalecerá la democracia.

Números que debe aprovechar el ya presidente haciendo las transformaciones prometidas lo más rápido posible.

La Cuarta transformación ya está en acción.

 

El autoritarismo que se va y la esperanza que viene

Jorge Meléndez Preciado
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    @jamelendez44

El sábado primero de  diciembre será el tan esperado cambio de régimen. Enrique Peña Nieto (quien ya no gobierna hace rato, aunque realiza actos de autocomplacencia  que son grotescos)  entregará la banda presidencial, modificada, a López Obrador (el cual  en estos cinco meses ha marcado el rumbo no exento de problemas y controversias).

Este relevo tan sui generis, inédito dirían, se debe a que el PRI es un cascarón el cual todavía  se lo pelean algunos, en tanto la fuerza de Morena ha crecido de las elecciones para acá no obstante que en los últimos días ha descendido levemente en su aprobación.

            Con todo, Andrés Manuel llega con más del 70 por ciento de simpatías, en tanto Peña Nieto se va con 20 por ciento de apoyos, la cifra más baja de un presidente en los últimos 18 años (Fox se despidió con 63 por ciento de querencias y Felipe Calderón con 43 por ciento). Ello se debe a que el de Atlacomulco fue decepcionando en su gestión y al final quedó al descubierto que administró para negocios personales, de amigos y dejó hacer a los gobernadores y otros personajes importantes lo que quisieran con tal de no  incomodarlo.

La decepción, sabemos, inició al darse a conocer el reportaje de Carmen Aristegui y su equipo a propósito de la Casa blanca, siguió con la matanza de los 43 en Ayotzinapa (la muy publicitada verdad histórica resultó un fiasco) y llegó a un punto muy alto en el socavón de Gerardo Ruiz Esparza, el tren a Toluca inconcluso y los casos de gobernadores unos en prisión (Javier Duarte y Roberto Borge) y otros libres pero que pueden caer: César Duarte en Estados Unidos y Humberto (el Bailador)  Moreira en nuestro país.

El Pacto por México fue un engaño propagandístico. No cumplió ninguna de sus expectativas. Ni aumentó el PIB, ni hubo reforma energética  (sólo la concesión de petróleo a los privados y la debacle en Pemex), ni reforma educativa: en este caso un tercio de las escuelas primarias en las zonas indígenas no tienen baños, aulas, mobiliario y las instalaciones son defectuosas; 21 millones de niños se encuentran en pobreza y miseria.

La violencia en el país aumentó mucho, tanto que el número de asesinatos dolosos será mayor al dejado por Felipe Calderón. Los cárteles se han multiplicado y ahora realizan acciones que antes no eran tan notorias, como el huachicoleo, el que se elevó en ¡752 por ciento! en los últimos años. Los feminicidios son una plaga, ya que nueve mujeres al día son asesinadas. Y la justicia una quimera, pues  decenas de miles de menesterosos están en prisión por robos menores, hay 500 presos políticos y mientras tanto los poderosos salen luego de algún tiempo no obstante los latrocinios cometidos, como el reciente caso del exgobernador de Sonora, Guillermo Padrés, algo que puede ocurrir con el aparentemente locuaz de Javier Duarte.

En fin, que Peña Nieto destrozó al país, a su partido y dejó heridos por doquier debido a su indolencia, despilfarro, pillerías, acciones que deja en predicamentos a la economía: la deuda pública subió del 0.4 por ciento del PIB en 2013 al 2.2 por ciento en 2017 y el dólar aumentó en el sexenio que se va de 12 pesos por billete verde a 20.5.

Ante ese panorama, que a veces no se conoce pero se siente en los bolsillos,  no sirvieron como antes los medios tradicionales para engañar a los ciudadanos. Las redes, benditas, le dieron una amplia victoria a López Obrador. El cual llegó no sólo rotundamente sino que muchos que se le acercaron, incluso de última hora, son en este momento importantes políticos federales o en sus estados.

Con prisa para hacer aterrizar sus promesas, el tabasqueño ha puesto a legislar rápido a sus morenos y efectuó dos consultas para que una serie de cuestiones que le preocupaban salieran adelante. En esta vorágine, hay asuntos que han salido mal como la interesante propuesta de Ricardo Monreal de bajar las comisiones bancarias, las cuales son tan altas que hasta Citibanamex ha dicho  que  se pueden reducir. También ha traído controversia la Guardia Nacional, encabezada por el secretario de la Defensa, Luis C. Sandoval,  la cual es vista con recelo no sólo por especialistas e investigadores, sino incluso por algunos funcionarios del próximo  gobierno. Y las consultas, tan rápidas y sin mayor sustento no han sido tan amplias como se esperaba.

            Si a esto le añadimos el caso de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, en dos ocasiones los malditos mercados (financieros y casabolseros) han atacado y traído desajustes importantes en la economía. En ambos casos ha salido el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, a tranquilizarnos con bases sólidas: se manejara el presupuesto responsablemente, tenemos reservas suficientes y no habrá programas excesivos en lo económico.

La más reciente sacudida  fue el 27 de noviembre, ya que la Bolsa cayó 4.17 por ciento (la mayor en cuatro años), el dólar llegó a casi 21 pesos y la incertidumbre privó.

Con todo, hay nuevos vientos y esperanzas. Andrés Manuel debe ser cuidadoso para no despertar la furia de esa minoría rapaz, con la cual debe y tiene que lidiar.