Beatriz Gutiérrez Müller ya es primera dama

* “Madre de México” a quien su esposo le crea una institución de su interés y entra a la vida pública: Sara Sefchovich, experta en el tema

Sara Lovera / Servicio Especial de la Mujer
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Sara Sefchovich Wasongarz, la experta en el papel de las consortes de los presidentes mexicanos, afirmó que Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador ya ocupa el papel tradicional de la primera dama, tal como la experta lo ha definido, investigado y difundido en biografías de compañeras de jefes de gobierno desde la época del virreinato.

Por ello, explicó en entrevista, que no estamos en el fin de ese papel, la única diferencia es que la esposa de AMLO rechaza ocuparse de la asistencia social, donde no es verdad que todas lo hicieran. Y como se puede probar, a las esposas con vida propia e intereses concretos, sus maridos les han creado una institución de su interés, como ahora, que antes de tomar posesión de su encargo AMLO ya le creó la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, donde ella presidirá el consejo asesor.

Aclaró que ninguna consorte ha cobrado salario alguno ni ostentado un puesto administrativo, aunque las instituciones que han presidido ocupen recursos –administrados por la Federación–, oficinas, ayudantes y otros menesteres. Habría que recordar que, para Carmen Romano, el presidente José López Portillo creó el Fondo Nacional para Actividades Sociales, Fonpas (1976-1982).

Rechazar la denominación de primera dama, dijo la experta, tampoco es nueva, así lo hicieron en su tiempo doña Amalia Solórzano (1934) esposa del general Lázaro Cárdenas o Esther Zuno esposa de Luis Echeverría, de ellas es la frase de que en México no hay damas de primera ni de segunda.

Además, en nada cambia su figura simbólica y cooperadora con su esposo, puesto que la tradición es precisamente esa, la de acompañante, madre de familia, haciendo tareas que nadie paga, tal vez por ello mucho tiempo se consideró a las primeras damas como madres de México.

En cambio, en su condición tradicional de mujer, las esposas de los jefes del Ejecutivo en México participan en acciones protocolarias y en su caso, como Margarita Zavala desde la campaña y Gutiérrez Müller ambas militantes, una del PAN y otra de Morena, ambas promoviendo el voto y la simpatía para sus esposos: a Margarita no se le creó nada, pero ella se ocupó de la infancia migrante sin acompañamiento y la lucha contra las adicciones, temas de interés de su esposo.

La experta que pronto reeditará su emblemática investigación llamada La suerte de la consorte, considera y sostiene, desde su perspectiva feminista que todas las primeras damas colaboran con el encargo de su marido, sin ser elegidas, la mayoría sin intereses políticos, viajan con ellos, son muy importantes porque son el oído más cercano, otras desarrollan su vida profesional, como la compañera de Adolfo López Mateos, la maestra Eva Sámano Bishop, quien fue promotora de los libros de texto, creó el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI), fue considerada la maestra de México; o Carmelita Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz, quien creó las escuelas para mujeres denominadas de Artes y Oficios, para sacarlas del círculo tradicional de la enseñanza o la enfermería.

Lo que la nueva primera dama ha dicho es que no se ocupará de la asistencia social ahora que el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) es un cascarón; tampoco fungió como primera dama Angélica Rivera, afirmó, “tal vez porque fue muy pronto lo de la Casa blanca y no tuvo ninguna oportunidad”, aunque simbólicamente fue presidenta honoraria del DIF.

         Otras primeras damas que no se conformaron con el tema de la asistencia, se ocuparon de temas de su interés. Tal como José López Portillo le creó a Carmen Romano el Fonpas, o el Fondo de Artesanías del que se ocupó María Esther Zuno. Así hay que entenderlo: Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha encontrado, a su manera, ocupar el puesto de primera dama de México de una forma peculiar, aunque siguiendo en el fondo la tradición de la política mexicana.

La historiadora de la Universidad Nacional Autónoma de México reiteró que Gutiérrez Müller “al igual que otras primeras damas en el pasado, ha pedido a su marido un nombramiento de un asunto que es de su interés”.

Dijo que “resulta equivocado pensar que por no ocuparse del trabajo asistencial como otras esposas de presidentes ya no eres primera dama”, explicó Sefchovich.

Durante la presentación del nombramiento de su esposa, López Obrador indicó que “Beatriz no quiere ser primera dama, lo ha decidido, también respetando a quienes en otros tiempos han actuado con ese papel, respetando a las señoras esposas de los expresidentes, pero son, la verdad, otros tiempos”.

Tras su nombramiento, Beatriz Gutiérrez aclaró en Twitter que no tendrá un sueldo en el gobierno de su esposo ni manejará ningún tipo de presupuesto; y reiteró que seguirá trabajando como profesora y apoyará a la recuperación del patrimonio cultural. Como todas a lo largo de la historia, con el trabajo llamado hoy de economía del cuidado.

“No se trata de ofender a nadie, pero nunca ninguna primera dama manejó un presupuesto ni recibió un salario por su papel. Ninguna primera dama en la historia del país ha tenido un sueldo”, subrayó Sefchovich, cuyo trabajo sobre biografías de las primeras damas abarca un periodo de casi 500 años, desde la primera virreina de México, Catalina de Vargas, pasando por Amalia Solórzano de Cárdenas hasta Angélica Rivera de Peña.

La historiadora señaló que no hay ninguna diferencia con otras primeras damas porque, aunque no se ocupará de lo que se han encargado otras esposas, en la práctica ha obtenido la presidencia de un consejo honorario de un asunto de su interés. En realidad, “así ha funcionado siempre el papel de las primeras damas. Ellas piden algo a su marido y el marido lo concede. Ya otras primeras damas hicieron algo que solamente pudieron obtener gracias a su marido”.

Sara Sefchovich sostiene en su investigación que es absurdo que esas mujeres no ostenten algún tipo de poder, indicó que en la práctica la señora Beatriz Gutiérrez ya está ejerciendo de primera dama desde su intensa participación en la campaña a favor de su marido.

También al haber recibido recientemente en Costa Rica la Orden del Mérito Morista por su conocimiento literario e histórico entre los vínculos de esa nación y México. “Claramente, se lo han dado porque es la esposa del próximo presidente de México”, agregó.

Sobre el papel de Angélica Rivera, la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, dijo que fue el comienzo del fin de la figura tradicional de primera dama en México, ya que “la señora Rivera dijo que se iba a dedicar a la asistencia social pero no lo hizo”.

La historiadora subrayó que hay dos papeles que tradicionalmente han desempeñado las esposas de los presidentes mexicanos: uno de ellos consiste en mostrarse ante los ciudadanos como apoyo incondicional a su marido y acompañarlo en ceremonias, actos oficiales y viajes y el otro consiste en hacer algo a favor de los grupos vulnerables de la sociedad.

La esposa de Peña Nieto se desvinculó de ese papel tradicional de ocuparse del DIF quedando desvirtuado su papel de primera dama y quedando en la sombra con muy pocas apariciones públicas.

Y a pesar de otros tiempos, Gutiérrez Müller se encargará de la preservación y rescate de documentos históricos para integrarlos al Archivo General de la Nación, en una institución creada a su medida.

La nueva primera dama sí dijo en sus redes sociales que: “Estaré para servir a México en todo lo que pueda. En su momento, les platicaré de algunas contribuciones específicas que me gustaría llevar a cabo. De lo que sí estoy segura es que seguiré siendo profesora universitaria, investigadora y escritora. Y lo más importante: mamá de Jesús Ernesto y esposa de #Yasabesquien”, escribió Gutiérrez Müller en su página oficial de Facebook.

La obra de la entrevistada sostiene que cada jefe del Ejecutivo en México, desde Agustín de Iturbide hasta Enrique Peña Nieto ha tenido una mujer a su lado. Estas mujeres que decidieron seguir la azarosa senda de los gobernantes en México, no sólo fueron anfitrionas, hicieron de primera dama, título no oficial, sino que ofrecieron su hombro para consuelo de sus cónyuges en el poder, y en muchas ocasiones para proporcionar el ansiado y desinteresado consejo, lejos de las intrigas presentes en la Residencia Oficial.

La suerte de la consorte es el resultado de una investigación de la cual salió una versión más ligera en 1982, titulada Las primeras damas. Ésta fue censurada por la Secretaria de Educación Pública, el argumento era que “de la vida privada de los presidentes no podía hablarse”. Para Sara Sefchovich la prohibición fue un aliciente que la llevó a realizar un estudio más a fondo, dado a conocer a finales de los años 90.

Las primeras damas son figuras simbólicas y son objeto de una observación distinta mientras se esconden en la autoridad ajena. Será diferente en aquellas que pretendan ostentar el poder, hagan lo que hagan, digan lo que digan, siempre serán criticadas y su trabajo poco valorado.

Este es un estudio pionero que ha vendido más de 100,000 ejemplares en México, y es ya un referente histórico en las universidades. Describe única y exclusivamente el trabajo público, y cómo la relación con sus parejas ha evolucionado. La autora destaca que es interesante observar los cambios, ya que en la época virreinal las mujeres estaban menos sometidas que incluso en el siglo XIX, una época bastante oscura donde no se podía ni siquiera estar públicamente cerca de los maridos.

Es un libro que ofrece el primer acercamiento a la vida de estas mujeres, una vida definitivamente influida por la política, a esas mujeres el poder también las estremece. Hay cambios, sin duda.

El de la primera dama es un papel que refleja esos cambios y esa permanencia. “Ese papel, aunque parezca el mismo, se ha modificado, entonces no es lo mismo hablar de la esposa de un presidente en el siglo XIX, que a principios del siglo XX o en la actualidad.

En el siglo XIX las señoras no existían, de hecho era al revés: cuando el marido tenía el cargo ellas tenían que desaparecer del mapa, con excepción de las que fueron como las reinas de México, Carlota y Carmelita Romero Rubio (que aunque fuera republicana, parecía una reina con lo que hacía) y no sólo no desapareció sino que llevó la caridad cristiana muy típica del siglo XIX a un nivel más amplio, creando casas para que las obreras pudieran dejar a sus hijos mientras trabajaban, o centros de apoyo a niños y mujeres, pocos para las necesidades de un país como México, pero era un principio.

Las cónyuges de los presidentes tienen una carga simbólica, porque son de algún modo las que llevan a la escena pública lo que cualquier mujer hace en su casa; a ti te toca como mujer en tu trabajo de género, independientemente de lo que hagas en esta vida, cuidar el hogar, los enfermos, los niños, los viejos y eso es lo que ellas hacen a escala nacional, en mayor o menor medida, pero lo han hecho siempre.

La de la primera dama es una figura que, aunque no existe oficialmente, no hay ninguna legalidad, ninguna jurisprudencia que lo diga, tampoco se puede zafar de hacerlo, particularmente después de la Revolución.

Sefchovich, autora de País de mentiras y de la novela Demasiado amor, entre otros libros y ensayos, indica que no es posible decir cómo debería ser la esposa de un presidente, porque “cada una de ellas pertenece a un momento histórico y a una cultura muy clara de lo que es y puede ser la vida de las mujeres.

“Más que decir lo que debe ser, puedo señalar que cada una de estas mujeres ha sido producto de lo que su tiempo les permitió ser. Habrá siempre alguien que sea un poquitín más de vanguardia, pero no podemos ir más allá de lo que es la época.

          “No podemos decir cómo debe ser si no sabemos hacia dónde va a evolucionar una sociedad; cuando decimos: ‘México no sabemos hacia dónde va’, no es un lugar común, es una frase real por la situación del país. Brasil sabe cómo va su economía y sabe que haya el presidente que sea ese tren lleva cierto camino. Nosotros no podemos saberlo y si no tenemos un concepto de futuro cómo sabremos hacia dónde caminaría la Presidencia y el papel de las señoras”.

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