El poder empresarial, ¿cómo perdonar?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Para el camarada Enrique Semo.

Es cierto, a nivel mundial ahí están, y desde después de la Edad Media su comportamiento casi no ha variado: rapaces y criminales desde entonces, lo siguen siendo hoy, ¿cómo entonces perdonar? Y si eso es a nivel mundial, ¿por qué en el caso de México tendría que variar? Así pues, lo que esta nota busca es encontrar una explicación a por qué los señores del dinero se emperraron (con excusas para los perros) en que el NAIM se construyera a toda costa en Texcoco, sin tomar en cuenta el daño ambiental que ello causaría y que afectaría directamente a la Ciudad de México y sus habitantes, quienes virtualmente, entre otras cosas, sufrirían como nunca por la carencia de agua.

Mas lo que aquí interesa es dejar asentado que desde tiempo atrás el hacer dinero en México ha sido una tarea depredadora, expoliadora, criminal. ¿Cómo, por ejemplo, desde fines del XIX se comenzaron a levantar las carretadas de capital que hoy se defienden a toda costa, si no fue a costa de explotar al campesinado de una manera hostil y brutal, hasta que éste, el campesinado, dijo ¡basta! y se levantó en armas? ¿Cómo en tiempos de Miguel Alemán, explotando a los obreros, maestros, telegrafistas y ferrocarrileros los burgueses del país acumularon capital a pasto, con el apoyo de los gobiernos priistas de aquel entonces? Hoy, frente a la corrupción y escarnio de ese mismo empresariado, ¿qué fue lo que dijimos más de treinta millones de mexicanos ante ello el pasado primero de julio: ¡basta!?

Y lo que yo no entiendo es por qué el próximo gobierno ya en funciones, a través del Poder Legislativo, sigue considerando que esa actuación del empresariado del país se pase por alto y a sus dirigentes se les otorgue el perdón sin merecerlo. Digo, pregunto, como don Justo Verdad, ¿qué sentido tiene?

¿Tiene, hoy, perdón el capitalismo a nivel mundial? Más allá de la criminal desigualdad social que su actuar ha generado, una de los asuntos que uno defiende a fondo como es la cuestión ambiental es despreciada, vilipendiada por todos los capitalistas contemporáneos –ya lo escuchaste, Miguel Mancera–, quienes, sin tocarse el corazón arrasan con el medio ambiente y lo destruyen impunemente con la minería a cielo abierto, con el arrasamiento de las selvas amazónicas y el consecuente deshielo de los polos, lo que nos llevará, a la raza humana, a abandonar muy pronto nuestro planeta. Digo, ¿a eso no hay que oponerse y decir ¡basta!?

No, ahora sí que el empresariado de ninguna parte del mundo tiene perdón de Dios, menos aún de los humanos que somos quienes sufrimos continuamente los efectos de su accionar. ¿Por qué entonces permitirles la arrogancia, el exceso de suficiencia, el desprecio hacia los otros y la agresión en contra de quienes nos oponemos a ellos?

         ¿Quieren pelea, entonces, contra los 30 millones de mexicanos que votamos el pasado primero de julio por López Obrador para decir ¡basta! a ese mismo empresariado?

 

¿Se podrá gobernar?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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A casi un mes de que un nuevo gobierno asuma el control del país y que una nueva sociedad comience, uno se pregunta: ¿y cómo le irá a ese nuevo gobierno obligado a ser tal, para así ayudar a que el gobierno que termina pueda salir sin muchas raspaduras? Véase algo de lo mucho que ya se manifiesta. Por ejemplo, una de las cosas que sorprende, muchos comentaristas ya lo han señalado, es ¿por qué después de la primera reunión en Palacio Nacional entre AMLO y EPN se permitió el bipresidencialismo, que a quien menos ha favorecido es al primero de los personajes mencionados? Prima, porque nada de lo que dice tiene validez hasta en tanto no comience a gobernar y qué va hacer entonces si le han dejado un país en bancarrota y esa perspectiva amarga (uno recuerda la Argentina de los Kirchner) virtualmente lo deja en manos de quienes controlan los capitales del país y que ya hoy están presionando con todo, para que, a huevo, el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México quede en Texcoco y descalificando por tanto la consulta popular? ¿No hubiera sido más fácil para el nuevo presidente decir aquí y punto, con base en los estudios técnicos que ya tiene, para no pasar por la consulta que constitucionalmente, hasta hoy, no tiene ninguna validez? Urge, por ejemplo, que el Congreso le dé validez legal a la voz popular que se expresa a través de las consultas.

Esos proyectos anunciados, por leves que sean, le han causado muchos problemas al presidente electo: dígase, por ejemplo, el merequetengue que se traen en Educación, en donde todo, movido por los sindicatos (SNTE, CNTE y Elba Esther), pareciera atender más que nada a los intereses de una de las televisoras más fuertes del país y en donde, por tanto, la menos favorecida va a ser la educación pública del país. ¿Eso, entonces, es lo que se quiere hacer con la Educación?

Sin duda gobernar es difícil, y más a un país que intenta independizarse, poco a poco, de un sistema capitalista, que desde fines del XIX lo tiene atrapado entre la vecindad con Estados Unidos y la voracidad de la burguesía nacional. Eso obliga a ser particularmente cauto a la hora de gobernar, porque si no el engrudo se hace bolas y luego ya no sirve. También obliga a que, con cuidado, se vayan tomando las medidas que concilien los intereses tan distantes y contradictorios que movilizan al país y fluctúan entre el poder de las mayorías y el poder del dinero, ¿a cuál de los dos, finalmente, se le debe hacer caso? La respuesta parecería sencilla, diciendo que al poder de las mayorías porque ese poder fue el que definió el triunfo electoral. Pero a pesar de eso, el otro poder está ahí, actuante y beligerante, pues quiere cuidar sus intereses a toda costa que, por más vergonzantes que sean, son intereses que todavía no desaparecen y con los cuales, por tanto, hay que lidiar. Es verdad, para ello se requiere un gobierno de transición cuidadoso y hábil que conduzca a la república a buen puerto, en donde los dos poderes en disputa se concilien por el bien del país.

        Muy difícil la tiene el compañero Andrés Manuel: gobernar México, ahora, le sacará, ahora también, canas verdes. La mejor de las suertes, matador.

 

Una visión trágica del futuro

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Para Pepe y Marta.

Desde luego mis notas sobre los trágicos fenómenos migratorios del presente me conducen hoy a dos referencias necesarias. Una, el artículo de Mario Ruiz Redondo, aparecido aquí mismo el viernes 19 de este mes, y cuyo título es: “En Redondo: Avalancha de víctimas del capitalismo salvaje”, y el otro es una referencia a Marx, en El capital: crítica de la economía política, Libro I, Tomo III. Siglo XXI Editores, pp. 91 y siguientes en donde se encuentra explicado, in extenso, lo que es el ejército industrial de reserva, un concepto que ayuda a entender mucho de lo que aquí se trata.

En principio, pues, aquí se hace referencia a un hecho aparentemente sencillo que está sucediendo por estos días y que nos obliga necesariamente a pensar en el futuro: ¿qué serán las migraciones si eventualmente el sistema capitalista avanza? Attali, en varios de sus libros nos anuncia ya esa debacle y a los que emigran (“nómadas” los denomina Attali), que para muy pronto, será un poco más del 40% de la población mundial, ¿qué suerte nos espera? Algo que ya anunciaba Marx para cuando escribió El capital: A mitad del siglo XIX, Carlos Marx denominaba “ejército industrial de reserva” a una parte de la población que periódicamente estaba desocupada como algo inherente al sistema capitalista y fluctuaba según el ciclo económico y las crisis periódicas. A lo largo de estos 200 años, se consideró “normal” que el porcentaje de personas desocupadas oscilara entre el 2 y el 5% de la población económicamente activa. Sucede en nuestros días que el fenómeno de la desocupación y lo que ahora comenzó a designarse como “población sobrante” ha superado largamente estas variaciones. El desafío que se nos presenta consiste en analizar científicamente el presente del sistema capitalista, las causas y las perspectivas sociales y políticas del fenómeno por el hecho de que la “población sobrante” inevitablemente seguirá creciendo y se convertirá en las caravanas de migrantes que, indistintamente, tocan la puerta de nuestro país al igual que las puertas de Estados Unidos o Europa y, de muchas maneras, se estacionan allí, sin entender que los objetivos de sus viajes no es llegar y estacionarse allí, sino luchar socialmente para que el capitalismo termine y nuevas formas de organización del sistema mundial nos permitan, a todos, vivir en condiciones de igualdad y libertad.

Nuestra tarea, pues, no es sencilla, la conciencia de un nuevo sistema de organización mundial que nos permita vivir a todos en paz, se desprende de la lucha social que desde hoy demos todos los pobladores de este mundo en contra del sistema capitalista que, hoy, a la mayoría de los habitantes del mundo nos tiene viviendo en la miseria y el agobio. Hoy, pues, o luchamos o virtualmente morimos, porque vivir va a ser cada vez más difícil.