Lo que no se dice del T-MEC y los alimentos

 

Yolanda Cristina Massieu Trigo

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En el T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá) o USMCA, por sus siglas en inglés, es el nuevo nombre del TLCAN a partir del lunes 1 de octubre, dado que al fin Estados Unidos, México y Canadá firmaron un acuerdo (que aún debe ser ratificado por sus respectivos congresos). En las negociaciones se ha hablado mucho del sector automotriz, de la posibilidad de renegociarlo cada cinco años, de la posible desaparición del artículo 19 que plantea la posibilidad de controversias, pero no ha habido mucha apertura en cuanto a información sobre el sector agropecuario. Sólo en el caso de Canadá los medios informaron que uno de los sectores sensibles para la renegociación es el de los lácteos, pero en el caso de los alimentos básicos en México la información ha sido escasa.

 

El presidente Peña Nieto, ávido de logros que presumir al final de su sexenio, se congratuló a principios de año de que, por primera vez en varios años, la balanza comercial agropecuaria es superavitaria y somos una potencia agroexportadora. En efecto, a fines de 2017 México era el décimo exportador mundial de productos agropecuarios y agroindustriales, con un valor de sus ventas al exterior por 33 mil millones de dólares, pero el triunfalismo del presidente saliente es discutible por varias razones: México es exportador básicamente a Estados Unidos de hortalizas, frutas y bebidas alcohólicas, mientras que importa alimentos básicos (cereales, carne, lácteos), lo cual hace a nuestro país vulnerable en cuanto a la alimentación de la población ante los vaivenes del mercado exterior.

 

A partir de la puesta en práctica de la política neoliberal en los años ochenta, el campo mexicano sufrió un proceso de apertura comercial al mismo tiempo que los productores eran sometidos a la competencia externa con Estados Unidos en condiciones desventajosas. Muchas de las instituciones que destinaban inversión pública al campo fueron desmanteladas, mientras que los agricultores estadunidenses con los que compite nuestro país reciben fuertes subsidios. A la vez, se retiraban los aranceles a las importaciones de alimentos básicos. Esto es especialmente grave en el caso del maíz, que en el vecino país se usa como forraje y acá es de consumo humano. A la fecha, el país es autosuficiente en maíz blanco y se importa básicamente maíz amarillo. Las importaciones entran a nuestro país en época de cosecha, teniendo un efecto depresivo en los precios, lo que perjudica a los productores nacionales.

 

El corolario de esta política fue el TLCAN, con el cual las importaciones de alimentos básicos aumentaron aceleradamente: entre 2000 y 2016, las de carne y despojos comestibles tuvieron una tasa de crecimiento de 127.58%; las de leche, lácteos, huevos y miel 178.27%; y las de cereales 179%. En el caso del maíz, en el ciclo 2016- 2017 se alcanzó una cifra sin precedentes de importaciones: 14 millones de toneladas, casi 50% del consumo interno, de las cuales  son 13 de maíz amarillo y 1 de blanco principalmente de Estados Unidos, si bien de blanco también se exportaron 1.5 millones de toneladas. Estas importaciones le cuestan al país 2,385 millones de dólares, y México es ya el primer importador mundial de maíz.

 

Esta conformación del comercio exterior alimentario fue intencional: las políticas neoliberales promovieron la exportación de productos de lujo, mientras que la producción interna de alimentos básicos fue desestimulada, considerando que era demasiado costoso producirlos internamente. Esto es especialmente grave para la agricultura campesina: los productores con pequeñas parcelas para autoconsumo, con algunos excedentes para el mercado, fueron considerados no productivos y se privilegió a los empresarios productores de agroexportaciones. Los campesinos organizados del país han demandado, casi desde el inicio del TLCAN, que se retiren maíz y frijol del tratado y que haya una política favorable a la aportación que hacen a la oferta de alimentos básicos. Resulta cuando menos paradójico que la renegociación se haya dado por iniciativa del gobierno de Donald Trump y aún no sabemos en qué condiciones quedó el comercio bilateral de estos alimentos.