“Cártel del orden”, conservadurismo y plutocracia

Guillermo Buendía
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En la comedia griega se recrea un orden social establecido y los personajes encarnan los intereses de aquél. Pluto, de Aristófanes, es muestra del desarrollo de la sociedad de clases y del sistema político que lo explica. En la parte culminante de la obra Cremilo lanza la arenga de por qué la distinción de clases: “–Hay muchos entre los hombres que aun siendo malvados y sin justicia, nadan en riquezas, acumuladas injustamente. Y otros que no tienen tacha moral ni social, están en la miseria y se mueren de hambre. Esos son los tuyos, Pobreza… Y lo digo a pecho abierto: Cuando Pluto recobre la vista, acabará con todo eso y ése será el mejor camino para recuperar el mayor bienestar a los hombre”.

El personaje a quien están dirigidas aquellas palabras es a una vieja sucia y andrajosa que Aristófanes llamó Pobreza, el cual responde: “–Mira ahora en las ciudades a los oradores: cuando son pobres son justos y bien dispuestos para el bien del pueblo y la ciudad. Pero si se hacen ricos a costa de los bienes comunes, se vuelven gente sin justicia, hacen conspiraciones contra la mayoría y le hacen la guerra al pueblo” (el subrayado es mío). Pluto, Dios de la Riqueza en la mitología griega, al estar ciego ignora a quién favorecía. El esplendor del imperio griego y el orden social establecido de ese entonces fue resultado de la voluntad de los dioses del Olimpo. Veinticuatro siglos después siguen existiendo las clases sociales, aunque las relaciones de producción son otras, distintas. Quitando el carácter fetichista a la riqueza y el motivo inherente de la moral desde la perspectiva del pensamiento religioso, sólo queda el acontecer de la sociedad humana producto de las relaciones sociales de producción capitalista de hoy.

La ceguera de Pluto hacía del reparto un acto de azar que no remediaba el conflicto de “la propiedad elevada a riqueza” –apunta Ángel María Garibay K., en las notas introductorias a Las once comedias– y si fuera el caso, aun después de recuperar la vista, el reparto presentaría otro problema: “todos ricos, nadie quiere servir a otro”.

Las lecturas sobre el desarrollo del pensamiento económico se remontan a la época de los años 70, en la Facultad de Economía de la UNAM. Jesús Silva Herzog fue uno de los autores en esta materia, a quien cito con frecuencia, como en esta ocasión, de su libro Historia del pensamiento económico-social. De la antigüedad al siglo XVI. La lucha de clases no fue asunto de los deseos de Zeus ni de las disputas de los dioses desatadas cuando, al ser invocados por los mortales para que intervinieran en su favor, decidieran el destino. La mitología en nada influyó para resolver los intereses confrontados. Así también ocurrió durante el apogeo del imperio romano. La gran obra legislativa de Roma –hasta el presente abrevadero fundamental del derecho y principio institucional de los Estados modernos– concebida para ejercer la coerción del poder político sobre las clases en pugna, no fue suficiente para encauzar la lucha hasta alcanzar los acuerdos que supone la civilización. Marco Tulio Cicerón, en el año 63 AC, enfrentó la candidatura de Lucio Sergio Catilina al consulado. Éste enarboló como suyo el programa social de Publio Servilio Rulo, cuyo objetivo básico era la revisión radical de los títulos de propiedad y posesión de toda Italia a fin de redistribuir las tierras entre los campesinos desposeídos y los proletarios de la ciudad, sostenidos precariamente por el Estado.

En favor de Cicerón, que representaba el “cártel del orden” como él mismo lo calificara, se movilizaron los intereses señoriales y sus resortes políticos. Catilina fue derrotado; pero, al año siguiente, se presentó de nuevo como candidato al consulado. Agitada y turbia fue la campaña electoral. Se compraron y vendieron votos. Cicerón volcó sobre Catilina y sus partidarios el chorro cáustico de su retórica. Derrotado otra vez, Catilina se dispuso a llevar a efecto sus propósitos por vía extralegal, ya que las circunstancias habían demostrado que nada podía obtenerse por los medios constitucionales. Aprovechándose del descontento producido por el resultado de la elección, organizó un fuerte partido revolucionario, lanzándose a la insurrección. Mientras esto acontecía, se proclamó en Roma el estado de sitio y se enviaron varios ejércitos en persecución de los sublevados. Cicerón fue proclamado dictador, obteniendo del Senado una condena general, sin previo proceso, de todos los adherentes a Catilina. Contra esta violación del régimen jurídico, levantó su voz de protesta el pretor Cayo Julio César, secretamente conectado con el movimiento. Marco Porcio Catón el Joven sostuvo, frente a Julio César, la necesidad de una represión ejemplar. Atacado por enemigos superiores, Catilina y sus conjurados fueron vencidos en las alturas de Fiésole, cerca de Florencia. En Roma fueron estrangulados en las cárceles, por orden de Cicerón, los sospechosos de haber participado en sus propósitos”.

La clase económicamente hegemónica ha tomado la conducción política del Estado para mantener el orden social establecido. En el caso de la Iglesia católica, sin ser una clase económica en sí, desde que se constituyó en religión oficial de Roma y hasta nuestros días, y especialmente durante el medioevo, concentró tal poder al grado de haberse erigido en Estado, también se constituyó en un factor conservador en la historia de la humanidad. Este conservadurismo se ha valido de diversos medios para contraponerse a los cambios que atenten contra los intereses y privilegios que detentan, contra las amenazas que potencialmente pongan en riesgo su permanencia en el poder: acuerdos de alianzas, presiones, chantajes, intrigas, asesinatos, despojos inmisericordes, persecuciones y encarcelamientos.

            En el pasaje citado, tomando en cuenta la distancia histórica y las relaciones sociales de producción, se observa cómo el poder conservador se manifiesta en los métodos aplicados para mantener el orden establecido.

            El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, declaró en diversos momentos la postura de modificar las leyes para recuperar los recursos energéticos estratégicos, toda vez que cuenta con el control del Congreso de la Unión. Sin duda, para la inversión extranjera comprometida –la que asciende a más de 200 mil millones de dólares– esto se traduce en riesgos. El 11 de septiembre de 1973, la trasnacional AT&T conspiró contra el gobierno de Salvador Allende y fue señalada como la responsable del golpe de Estado. Ahora, los monopolios petroleros estadunidenses e ingleses, principalmente, junto con las filiales mexicanas, son los beneficiarios de la plutocracia del gobierno peñista que logró revertir la expropiación petrolera.

            Plutio no es ciego…