En 50 años, largo y sinuoso camino

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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La reacción popular del pasado primero de julio, es uno de los aportes matizados por el tiempo de los sucesos del 68 en México. “El tiempo convirtió en victoria la derrota”. Cuando soplan vientos de fronda, miles en el país y en el mundo, abordan o se aprestan a hacerlo, el Movimiento del 68. Los hechos  que signaron parte de la historia de la época, pero que pese a sus aportes, no pudieron borrar los ominosos signos de las dictaduras, el  autoritarismo, la represión, la tortura, la desigualdad, las desapariciones, cumplen 50 años en medio de interrogantes: ¿qué aportó el 68? ¿Qué está vigente en nuestra vida diaria de aquel movimiento que en México culminó con una estela de muertos? ¿Qué borró de aquel México autoritario, corrupto y represivo, cuando después de él entre otros gobernaron Carlos Salinas y Felipe Calderón sin mandato del pueblo, Vicente Fox y Enrique Peña  Nieto, todos para reforzar la antidemocracia?

            La historia de este movimiento mexicano se ha estado publicando con fechas y protagonistas precisos, aunque abunda lo anecdótico, la intención protagónica que muchos asumen a partir de la lucha que dio el estudiantado, quizá como anónimos participantes de una expresión popular que fue masiva. Esto último como parte del orgullo de haber sido alguien en una gran lucha popular que dio un vuelco a conceptos medievales, cimbró la conciencia ante lo que pueden hacer los jóvenes y dejó grandes lecciones para el futuro.

Ellos responderían como el poeta Daniel Molina:

¿Pregúntale quiénes somos?

No somos nada. No somos nadie

Somos la tribu sin rostro y sin nombre

Sólo somos los que hemos peleado por siempre

en Tlatelolco.

Se luchó por libertades: el derecho a la de manifestación, un baluarte

Mencionaré tres puntos de vista, dos de destacados periodistas, Jorge Meléndez y Humberto Musacchio, y otra de un poeta, Erasmo Nava (Cuando los dioses hablan y otros poemas) que ratifican la vigencia de aquella lucha y la persistencia en las libertades que esa lucha obtuvo y en el caso de los dos últimos, el atribuir el triunfo masivo del primero de julio a un proceso que se fue acuñando. Jorge Meléndez insistió ante todo en la lucha por libertades que son una realidad, el derecho a manifestarse y a la  libertad de expresión. Doy a conocer la respuesta escrita que me dio Musacchio: “Como ha ocurrido en varios casos, el tiempo transformó en victoria la derrota del 68, pues en el curso de los  setenta asistimos a cambios de importancia. Hubo una saludable insurgencia obrera, principalmente entre los trabajadores electricistas, nucleares y universitarios;  la apertura en el periodismo impreso, pues 1971-76, fueron los mejores años del Excélsior de Scherer, que al ser golpeado el 8 de julio de 1976 dio lugar al surgimiento de Proceso y Unomásuno, y en la segunda mitad de la década, bajo la presidencia de José López Portillo, el reconocimiento de los derechos políticos y el registro electoral del PCM y del sinarquismo y su partido, el PDM. Puede parecer poco visto en la perspectiva de 2018, pero fue un triunfo mediato que abrió la puerta a un proceso de cambios sociales y políticos como la unificación de la izquierda, la movilización ocurrida luego del sismo de 1985 que propició el surgimiento de una gran pluralidad en la radio informativa, la división del PRI por la escisión del cardenismo en 1997 y la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, que desembocó al año siguiente en la fundación del PRD... En todos estos fenómenos estuvieron presentes los veteranos del movimiento estudiantil de 1968. Por supuesto, estos procesos suelen ser contradictorios, con avances, retrocesos y traiciones. No fue fácil acabar con el régimen posrevolucionario, pues nos llevó medio siglo. Pero indudablemente, el triunfo de Morena tiene detrás esas luchas desatadas por el 68”.

¡No se olvida! testimonios del 68, una antología necesaria

Ante el aporte fundamental de los análisis maduros que germinó el 68, los muchos libros, documentos, filmes, artículos publicados, novelística y poesía, volveremos a la antología ¡No se olvida, Testimonio del 68, publicada por la Brigada Cultural Para Leer en Libertad, en 2010, que compendia alrededor de 10 libros y publica poemas, artículos y documentos.  Es una antología que recoge, previa cesión de autores y editoriales, lo fundamental y anecdótico de aquel movimiento, de los exponentes que en su  mayoría ya murieron. Su voz y la de los que quedan desentrañó entonces y en  épocas posteriores, la potencialidad de lo que se buscaba. Emilio Carballido, el gran dramaturgo veracruzano, hizo una obra de teatro; Carlos Monsiváis expone tres momentos, Heberto Castillo en su texto Si te agarran te van a matar: Cárdenas, relata la persecución de que fue objeto hasta su detención en un escape fallido; Raúl Álvarez Garín resume todo el trayecto que sigue el movimiento desde el 13 de agosto al fin de ese mes y así, con  ellos Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II, Efraín  Huerta, Judith Reyes, Luis T. Cabeza de Vaca, Fernando Fernández, David Vega, Jaime García, Eduardo Valle, Carlos Marín, Humberto Musacchio, Marco A. Campos, Jaime Goded, José Emilio Pacheco, Daniel Molina, Francisco Pérez Arce y Santiago Flores. Líderes del movimiento, participantes, escritores, poetas, que  penetran en ese mundo inédito para un sistema que se había apoderado de la Revolución mexicana y lo diseccionan y exponen a través de lo que era capaz de hacer: asesinar jóvenes. Valdría la pena reeditar este libro y repartirlo gratuitamente en estos momentos, pero, por desgracia su promotor editorial, el PRD, dio como partido un bandazo. He aquí tres momentos poéticos:

Los hombres del alba: Efraín Huerta:
Ello están caídos de sueños y esperanzas,
con los ojos en alto, la piel gris y un eterno sollozo
en la garganta

“Cantares mexicanos”, Manuscrito de Tlatelolco: José Emilio Pacheco
Entonces se oyó el estruendo.
entonces se alzaron los gritos
Muchos maridos buscaban a sus mujeres.
Unos llevaban en brazos a sus hijos pequeños
Con perfidia fueron muertos,
sin saberlo murieron.

Sin título: Marco Antonio Campos
Sí, porque mientras los muros vomitaban sangre,
mientras nacía el imperio de las ametralladoras,
mientras las muelas masticaban muerte,
las edecanes agitaban lechos en la Villa Olímpica
los atletas desayunaban estiércol
y la gente comía viandas de prestigio y novedad.