Bandidaje de Banamex

Moisés Edwin Barreda / Silabario de política
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De la esclavitud y la semi esclavitud impuestas en el país por los hacendados y capitalistas con la complacencia de los oligarcas llamados “científicos” de Porfirio Díaz, documentadas por John Kenneth Turner y su esposa Ethel Duffy, sólo sigue abolida la primera.

La semi esclavitud fue rescatada por los bancos nacionales y la continúan los extranjeros, como Banamex (ahora Citibanamex), para los que trabajamos todos los mexicanos que agobiados por la pésima política económica prevaleciente, de salarios de inframundo y precios de primer mundo, recurrimos a sus créditos.

Y si analizamos fríamente las cosas, otra forma de semi esclavitud es el tope salarial impuesto por la pridictadura en la segunda mitad del siglo pasado, que impide que nuestros salarios sirvan cuando menos para satisfacer algunas de las necesidades básicas.

Esa vil forma de sometimiento y explotación empeoró gracias a que la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pasó el Código de Comercio por el arco del triunfo –Ignacio Burgoa Orihuela dixit– y dio el peor de sus muchos fallos, verdaderos zarpazos al pueblo, para legalizar el anatocismo, que es el cobro de intereses sobre intereses, y causó grave perjuicio a la ciudadanía; esa tremenda SCJN llevó a muchos al suicidio.

La semi esclavitud consiste en que quienes tenemos la desgracia de solicitar créditos a Banamex jamás terminamos de pagarlo, primero porque de los pagos de mil 200 pesos mensuales convenidos para saldar la deuda en plazo de cuatro años, 70 por ciento va a intereses y el resto a capital, y así es la mayoría del tiempo.

Nunca se termina de pagar el crédito. Por ejemplo: si se obtuvo uno por 34 mil pesos y están por cumplirse los cuatro años, Banamex le dice a usted que por ser buen pagador, le extiende el crédito y tiene disponibles 12 mil y pico de pesos, que puede recoger cuando guste.

No le informa que esos 12 mil y pico de pesos son lo único que le reconocen como pagados porque de los pagos mensuales que hizo durante casi cuatro años, la mayoría de ellos 70 por ciento fueron a intereses, no a capital, aunque el abono a intereses desciende gradual pero muy lentamente.

Como la situación económica es tan mala si no peor que cuando gestionamos el crédito ya hace más de cuatro años, porque el costo de la vida sube y los aumentos de salario no pasan, por decreto, de entre 4 y 5 por ciento, echamos mano de los 12 mil y pico de pesos que reconocen como pagados a capital.

Recibimos 12 mil y pico de pesos y Banamex –o Citibanamex– nos cobra intereses como si nos hubiera vuelto a prestar 34 mil pesos, y nuevamente destina 70 por ciento a pago de intereses y 30 por ciento al de capital. Así, jamás se liquida el dichoso crédito y toda la vida se trabaja para los bancos.

Redimir el crédito se vuelve carrusel, cuento de nunca acabar. Por añadidura, Banamex no proporciona periódicamente el estado de cuenta, se debe solicitar en ventanilla.

Los mexicanos confiamos en que la Secretaría de Hacienda del gobierno democrático que votamos analice las operaciones de la banca extranjera –más que usuraria–, le corte las uñas y, si no es posible obligarla a restituir cuando menos lo justo del dineral que prácticamente ha robado al pueblo mexicano, lo mejor de todo: nacionalice el sistema de pagos.

Pero el próximo gobierno, el que todo parece indicar que no llegará a totalitario como el derrocado, no sólo debe investigar y sancionar, en su caso, la pillería de los bancos extranjeros, también las operaciones de las tiendas departamentales y otras instituciones privadas que ofrecen créditos exclusivamente a personas de la tercera edad jubilados –condición sine qua non.