El regreso maestro de la Maestra

En memoria del maestro Huberto Batis, hoy
que me embarga la tristeza por su ausencia.

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Terminan los que no se pueden denominar días de descanso veraniego, que virtualmente no fueron tales, pues varios de ellos, la mayoría, fueron sólo de restablecimiento de la salud, lo que causó malestar a la familia que ella sí realmente quería descansar. Pero luego de 50 años de lucha (que lo diga si no el 68) y continuando en ella, a veces a uno ya le duele todo, menos escribir, y se espanta poco cuando en el sistema político que a uno le ha tocado analizar durante tanto tiempo de pronto surjan fantasmas como Elba Esther que uno pensaba que sus brujos, al fin, le habían recomendado descansar. Pero no, que va, allí anda, en sus territorios, movida por el Güero Castañeda, tratando de resarcirse de las heridas que, conjuntamente, jerarcas del PRI y del PAN le habían inferido, y de una estuvo de pie, lista a enfrascarse de nuevo en la lucha que implica ir por el SNTE con Rafael Ochoa al frente. Puritita política de la que a ella le gusta y que fue la que le hizo gritar hace muchos años atrás a Carlos Jonguitud Barrios, en una asamblea sindical muy entusiasmado: “Es de las mías. Allí está”, y a los pocos días por órdenes de Carlos Salinas (1988) Elba Esther estaba sí, trepada en Jonguitud para, desde entonces, hacerse cargo de manipular a ciencia y a paciencia del gobierno en turno al magisterio del país. ¿Cómo no, pues, hacer política si de eso se vive, si eso se es y se seguirá siendo?

El problema es otro. ¿La dejarán los maestros volver en esta etapa de franco decaimiento y deterioro del sistema público de educación del país? (léase el excelente texto de Alejandra Falabella “¿Quién mató la ‘vieja’ educación pública?”) No es cuestión de una contra uno (así sea el próximo presidente del país). Es mucho más simple. Somos nosotros, los maestros, defendiendo nuestro sindicato (que de ninguna manera es poco; estamos hablando del sindicato más grande de América Latina) y de ahí al sistema de educación pública del país de sus hoy múltiples enemigos, que lo tienen virtualmente en la ruina, o estamos dejando que este país siga igual de jodido como hasta hoy lo dejó Enrique Peña Nieto quien, cínico, sigue aún con la sonrisa en el rostro como si supiera que él, como los arcángeles de la teología católica se irá directamente al cielo, sin rendirle cuentas a nadie, de estas tristes campiñas terrenales.

Pero nuestro tema de hoy es cómo los maestros les vamos a pintar un violín a Elba Esther y sus gavilleros (Rafael Ochoa y compañía) para volver a hacer nuestro al SNTE y volverlo un organismo autónomo e independiente como debió haber sido siempre, desde que las agrupaciones de San Casiano pugnaron por organizar a los trabajadores de la educación desde la época de la Revolución, basados en las ideas de los Flores Magón para ser asimismo una fuerza revolucionaria que no se consolida sino hasta 1943 cuando nace ya vinculado al PRI, aunque en aquel entonces militaban en él y eran dirigentes destacados aún brillantes luchadores revolucionarios como Lombardo Toledano y Luis Chávez Orozco.

Llegó la hora. By, by Maestra, únase usted, si gusta, a las nuevas agrupaciones de San Casiano que vamos a luchar por nuestro sindicato y por un sistema educativo mexicano vivo, actuante y revolucionario. Viva el nuevo SNTE.

 

 

Educación: Los fines de la búsqueda

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Continuamos con los días en los cuales se hace necesario definir los denominados quehaceres de la nación, sin que se precisen, con orden y concierto, el qué hacer y cómo hacerlo. Así pues, la nación sigue hoy, sigue necia, empeñada, primero, en hacerlo fuera de tiempo y espacio y sin precisar aún cómo lo va a hacer por haberse adelantado tratando de llenar un vacío doloroso de un gobierno, el de EPN, que no supo nunca gobernar, y que, antes de tiempo, trató de dejarle esa función a alguien que definitivamente no le correspondía (al gobierno de AMLO), lo cual ha generado la confusión que hoy se vive: quién es quién en este caos de dualidades compartidas, en donde se tiran tarascadas al por mayor, tratando así de situarse en el lugar que le asignaron y Urzúa no sabe ni siquiera si existe o no. Un TLCAN que no es tal, ¿cómo?, ¿alguien entiende?

Pero eso no importa, lo importante es que se discuta y que como bien lo dice Rodolfo Ramírez, en el caso de la educación pública del país se verifique al menos qué hicimos bien y qué hicimos mal los años anteriores para revisar con más calma qué vale la pena de lo que estamos tratando de hacer para poder revisarlo ahora sí con el rigor que se requiere; a lo cual, si se me permite, añadiría algo más: no olvidar la complejidad del país, a partir de su multiculturalidad compleja e histórica, que hace que las tareas sociales a emprender se deban realizar con gran rigor y delicadeza si no queremos romper todo aquello que ya Levi Strauss nos enseñó a ver en sus libros y que en la educación del siglo XX entre nosotros, particularmente la educación rural mexicana, fue una lección valiosa que perdimos y nunca logramos recuperar.

Mas es posible que los viejos ya no tengamos mucho que decir ahora. Ojalá y los jóvenes, con las nuevas lecciones de Ana María Fernández, Peter McLaren, Satulovski, Reimer, Díaz Barriga, Freire, Richard Gerver, Jurjo Torres y tantos otros elaboren discursos que realmente contribuyan a que la escuela, su cultura, dentro de una sociedad que a fuerzas se tiene que modificar, sea diferente y se construya así un sistema de educación pública que realmente contribuya a hacer un país otro, radicalmente diferente al que hoy, últimos meses de este 2018, tenemos.

Bien les vaya, pues, a los que por estos días, como los compañeros de la UPN, combaten arduamente por construir instituciones empeñadas en esa tarea de tener, algo al margen del SNTE, que ayude a tener en el país un centro de formación de docentes que vía la formación y la nivelación, primero, y luego la superación lo logre. Y allí está empeñada en ello la UPN, desde hace 40 años, nuestra institución en una tarea que hasta hoy no ha cejado.

Queremos seguir adelante.