La búsqueda de la armonía y emparejar la cancha

Gerardo Fernández Casanova
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Al salir de una nueva reunión con los empresarios, el presidente electo declaró que el proyecto de convertir a México en una potencia económica va a lograrse “en armonía de los sectores privado, social y público”. Por otra parte durante la conferencia de prensa ofrecida al alimón entre Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto, con la presencia de los gabinetes entrante y saliente para iniciar formalmente los trabajos de la entrega y recepción, se mostró esa armonía de la que hace gala el presidente electo, sin por ello dejar de marcar las diferencias en asuntos específicos como son el del aeropuerto y el de la reforma educativa que confirmó que sería desechada por el nuevo gobierno. Ahí mismo y con relación a la liberación de Elba Ester Gordillo, Andrés Manuel hizo una importante declaración: el próximo gobierno será estrictamente respetuoso de la vida interna de los sindicatos, pero procurará la instauración de la democracia sindical que asegure que sean los trabajadores quienes elijan a sus líderes en absoluta libertad y mediante voto secreto, de conformidad con la ley.

         Destaco esta última declaración para referirla a la búsqueda de la armonía, la que sólo es dable en condiciones de simetría que hoy están muy lejos de existir; el muy poderoso sector empresarial, contrasta con un sindicalismo en peligro de extinción y con un fantasmal campesinado, que formarían el sector social; a su vez el sector público adolece de severas limitaciones de orden presupuestal y operativo, sujeto a candados impuestos por los acuerdos internacionales. De esta suerte, la armonía postulada podrá lograrse y mantenerse solamente con la buena voluntad empresarial o, dicho de otra forma, bajo una forma suave del acostumbrado chantaje o, en su defecto, por sus insaciables exigencias, con lo que la armonía se convertirá en un afán irrealizable, no obstante la solidez que confieren al nuevo régimen la votación lograda y la autoridad moral del presidente López Obrador.

         México se encuentra muy lejos de alcanzar el pleno empleo; el 60% de la población económicamente activa está en condiciones de subempleo y, en grave medida, en desempleo. El diseño neoliberal así lo prohijó por así convenir a sus intereses de dominación por el capital, siempre hay un numeroso ejército de reserva dispuesto a malbaratar la mano de obra y romper con el esquema de un sindicalismo que tutele los intereses de los trabajadores. En esto se finca la fuerza del sindicalismo charro y corrupto, por un lado, y la desleal y vergonzosa atracción para las inversiones extranjeras. El Tratado de Libre Comercio no es ajeno a tal estado de cosas y, mucho menos, inocente.

         Me anima la política sindical anunciada por el presidente electo, así como también la reincorporación de Napoleón Gómez Urrutia, quien declaró que regresa para defender los derechos de los mineros “y de todos los trabajadores de México”. Hace falta reordenar la legislación laboral para recuperar la dignidad del trabajo, hoy vejada por disposiciones que dejan al trabajador en plena indefensión ante la arbitrariedad. Se necesita auspiciar liderazgos honestos y dar las batallas por lograrlo, lo cual no puede ni debe ser algo que no quede en las manos exclusivas de los propios trabajadores, sea en el magisterio o en Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad, así como en todo el espectro del trabajo, con el gobierno cumpliendo y haciendo cumplir las leyes debidamente saneadas. Tendrá que logarse una vigorosa y unificadora central de sindicatos que acabe con el charrismo cetemista, con verdadera democracia y patriotismo. No son muchos, pero hay liderazgos que pueden concurrir en este afán. Será muy pertinente la adopción del sindicalismo moderno que ha descrito Gómez Urrutia en sus libros y artículos periodísticos, cuya lectura recomiendo.

         También me congratulo por la incorporación de Lázaro Cárdenas Batel como jefe de Asesores de la Presidencia. Por su estirpe hablarán los hechos. Armonizar al jefe de la Oficina y al jefe de Asesores, ambos de la Presidencia, será un reto interesante.

         La dichosa armonía entre los sectores depende de que ninguno abuse de los demás. Es preciso emparejar la cancha y, además, procurarlo con gran velocidad y sin imprudencias. Es por México y su pueblo es el principal protagonista, el soberano.

 

 

Autodefensas, amnistía y pacificación de México

Gerardo Fernández Casanova
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A la memoria de Romualdo Ixpango.

La violencia y la inseguridad en Morelos y en casi todo el país son ya insoportables y constituyeron uno de los más importantes ingredientes de la insurrección electoral del 1 de julio. La ausencia de la autoridad y, peor aún, la connivencia de sus representantes con los criminales y, pésimo, la criminalidad de tales representantes ha llevado a la población a buscar fórmulas de autodefensa. A manera de una democracia directa, la gente se organiza en asambleas de localidad y arman sus grupos y sus rondas; establecen retenes en los accesos a la localidad y evitan la entrada de extraños que no tengan justificación. Se necesita ser muy valientes pero los hay.

         Así ha sucedido en varios estados y ahora está sucediendo en Morelos. En el colmo de la crisis fue encontrado Romualdo Ixpango asesinado por encabezar el movimiento de las autodefensas en el oriente de Morelos y denunciar a los responsables de la inseguridad. Todos estamos de luto y acompañamos a sus amigos y familiares, pero además estamos sumamente agraviados por lo artero del crimen cometido en contra de su persona y de todas las comunidades que se ponen de pie en lucha.

         El tema de la pacificación del país por fuerza tiene que incorporar de manera destacada el tema de las autodefensas y las policías comunitarias, particularmente en las comunidades rurales y las urbanas pequeñas, donde se registran crímenes que se montan sobre el gran crimen de la pobreza. Hay valiosas experiencias por aprovechar, tanto las positivas como las negativas; la más importante de ellas consiste en la convicción de que la defensa de los pueblos debe surgir de los propios pueblos, conforme a sus condiciones reales y su cultura. Hacerlo en sentido inverso suele llevar al paramilitarismo nefasto o a la simulación ineficaz.

         El estado de derecho vigente establece que nadie deberá hacerse justicia por propia mano; hacerlo es una facultad exclusiva del Estado quien, además, tiene el monopolio de la violencia. Sólo que tal estado de derecho no existe para los casos de las comunidades que nos ocupan, donde priva el derecho de las armas de los hampones. Se precisa una adecuación de la normativa que contemple a las comunidades organizadas como parte del Estado y como sujetos de derecho, no por simple incorporación, sino mediante nuevas fórmulas legales apropiadas al caso; que dote a las comunidades de las facultades y las obligaciones a ejercer para cumplir con su finalidad de protección.

         Hasta ahora el régimen ha invocado su estado de derecho y su monopolio para la procuración y la impartición de justicia, sólo como argumento para evitar la organización de los pueblos y su capacidad para el uso de la fuerza mediante la portación de armas. Pero es tal régimen el que fue derrotado en las urnas el pasado 1 de julio, por corrupto, por ausente, por inepto y por mentiroso, en este caso referido a su obligación de proveer la seguridad de las personas, de sus familias y de sus bienes.

         El nuevo régimen está empeñado en pacificar al país, tanto en las ciudades como en el medio rural. Hay que comenzar por este último que es el de menor grado de dificultad por prevalecer usos y costumbres de honorabilidad y respeto; por el elevado nivel de identificación entre los pobladores y que, por su marginalidad, han sido medio fértil para la injusticia y el abuso, sea por caciques locales o por fuerzas externas que imponen su ley para el cultivo de marihuana y amapola. En las ciudades donde nadie se conoce y priva el anonimato, sólo los muy ricos pueden dotarse de protecciones con rejas y guardias privados; en el resto mayoritario domina la ley de la selva y el sálvese quien pueda.

         El mejor ingrediente de la pacificación es la verdad, la actual y la histórica; escarbar para encontrarla llevará a entender que muchos de los “buenos” en realidad eran los “malos”; también encontraremos “feroces criminales” que en realidad funcionaban como defensores de la comunidad del lado de los “buenos”. También por eso la amnistía puede ser un acto de verdadera justicia. Nestora Salgado, senadora de la república, tiene mucho que aportar para construir la paz en el México profundo.