¿Es el acuerdo Estados Unidos-México bueno o malo?

Luis Emiliano Gutiérrez Poucel
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Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le gusta el término Tratado de Libre Comercio de América del Norte, considera más elegante llamarlo Acuerdo de Comercio Estados Unidos-México, por supuesto con el nombre de Estados Unidos por delante. También ese término conlleva la amenaza a Canadá de que o se une y acepta los arreglos alcanzados entre México y Estados Unidos o se queda fuera del juego. Ese es claramente el dilema de Donald Trump: EU con México, o estos dos con un Canadá más dócil.

Algunos observadores han calificado el acuerdo binacional como una traición de México a Canadá, pero eso no es el caso. Canadá hizo clara su postura diciendo meses atrás que México era un país amigo, pero los intereses canadienses eran primero por lo que si era necesario alcanzar un acuerdo con Estados Unidos sin México así lo haría.

Seguramente Estados Unidos y Canadá van a lograr un entendimiento, si no en tres días (para el viernes 31 de agosto), como actualmente se contempla, será en las próximas semanas. Canadá es el primer mercado para las exportaciones estadunidenses y México el segundo. 14 millones de empleos en Estados Unidos dependen de las exportaciones a Canadá y México; es obvio que no solamente los canadienses van a buscar un entendimiento con Washington, sino que los estadounidenses a su vez van a tener que ceder un poco para alcanzar el acuerdo. El gobierno canadiense y los legisladores estadunidenses entienden que es preferible un “mal acuerdo” a un “no acuerdo”. Lo que cree Donald Trump sobre el TLCAN 2.0, probablemente ni él lo sabe hasta que no lance su próximo tuit.

La pregunta que surge es si el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y México es bueno o malo. Para empezar, no cabe duda de que el acuerdo podría haber sido mejor, pero sin conocer los detalles de éste sería aventurado descalificarlo… y aun cuando se conocieran los detalles, la única manera de saber si es un buen acuerdo comercial va a ser a través de sus resultados en la balanza comercial durante los próximos seis años.

Tal y como el tratado original de 1994 fue al principio negativo para México, sobre todo en el sector agrícola tradicional, después de algunos años de ajustes México aprovechó las oportunidades del TLCAN, reacomodando sus prioridades productivas en el campo a las actividades agropecuarias con clara ventaja comparativa tales como las hortalizas. La diferencia salarial entre los trabajadores estadunidenses y mexicanos fue un incentivo para trasladar las cadenas productivas de varias industrias que venían sufriendo altos costos y pérdida de competitividad del oeste medio de Estados Unidos a México, ayudando no solamente en la creación de empleos en México, sino haciendo más competitivas a una gran cantidad de compañías estadunidenses, tales como la automotriz, electrodomésticos y electrónicos, permitiéndoles competir en mejores condiciones contra sus rivales europeos y asiáticos.

Los tres socios se volvieron más competitivos frente al resto del mundo. En el período de 1993 al 2017, México logró exportar siete veces más que lo que exportaba un año antes del TLCAN, mientras que EU logró en el mismo periodo incrementar sus exportaciones 3.1 veces y Canadá, 2.7 veces.

La mayoría de los economistas concuerdan que gracias al TLCAN hubo un aumento en la tasa de crecimiento de Estados Unidos por lo menos de medio punto porcentual al año, en México entre el 1 al 1.5% y en Canadá entre 0.5 al 1%.

Cabe mencionar la dicotomía entre China y México. Varios de los empleos generados en China fueron creados por empresas de ese país que llevaron a la bancarrota a las empresas estadunidenses con las que competían, perdiéndose fuentes de trabajo en EU. Mientras que muchos empleos generados en México fueron gracias a las compañías estadunidenses que se trasladaron al país cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos. Estas empresas, gracias al ahorro en sus costos de producción, pudieron sobrevivir y enfrentar la competencia china y europea, reinvirtiendo sus ganancias en Estados Unidos y México, en una proporción de 92% en EU y 8% en México, creando más empleos en Estados Unidos con las nuevas inversiones que los empleos que se perdieron por el traslado inicial a México.

Algo parecido va a suceder con el nuevo pacto comercial. Las concesiones que tuvo que hacer México para alcanzar el acuerdo, tales como las reglas de origen y el aumento salarial van a costar empleos al país y seguramente la inversión extranjera será menor que la que hubiera podido ser. Los trabajadores mexicanos en el sector automotriz ganan en promedio 5.21 dólares por hora, mientras que los trabajadores estadunidenses perciben alrededor de 21.70 dólares por los mismos 60 minutos. El acuerdo indica que los trabajadores mexicanos deberán ganar tres veces más de lo que están ganando actualmente, por lo menos 16 dólares la hora. Cualquier economista recomendaría que el aumento salarial debería ser progresivo y ligado al incremento de la productividad laboral. Aumentar los salarios por decisión gubernamental, lleva a la disminución del ritmo de creación de empleos y al aumento en la selección y diseño de tecnologías más intensivas en capital, con alto conocimiento incorporado, a costa de las tecnologías de mayor intensidad laboral. Esto ha sido una tendencia que se ha venido observando en las últimas tres décadas en los países desarrollados, tendencia que se va a acelerar en nuestro país con este nuevo acuerdo.

A pesar de algunos efectos negativos, no tengo duda que en promedio vamos a ganar con el nuevo acuerdo comercial. Al eliminar la incertidumbre de si iba a haber o no acuerdo comercial, los inversionistas se sentirán más seguros de mantener su presencia en México y dar marcha adelante en sus planes de inversión. Seguramente habrá un reacomodo en la estructura de nuestras exportaciones de productos y servicios de la industria automotriz a otros productos industriales, como enseres domésticos, electrónicos y de computación, así como productos agropecuarios, como las frutas y hortalizas. Un gran logro del acuerdo bilateral fue el haber mantenido el comercio agrícola con cero tarifas, eliminando la solicitud estadunidenses de proteger a sus productores por las variaciones estacionales.

México tenía dos opciones 1) enfrentársele a Estados Unidos, o 2) negociar concediendo. Ante un Donald Trump que ignora la historia económica y lo que dice la ciencia económica de que el comercio libre crea más riqueza y más empleos, mientras que el proteccionismo es la manera más expedita para aumentar precios y generar carencias, México prefirió dar un paso atrás para lograr dos pasos hacia adelante. La postura jurásica de Trump es sencilla, Estados Unidos debe ganar más que los otros. La postura mexicana de negociar concediendo un poco fue la mejor opción dada la asimetría de fuerzas entre nuestros países.

Claro, no todo está terminado ni escrito en piedra, falta la aprobación del Congreso de EU que en principio tiene una visión diferente a la de Donald Trump. Varios legisladores han expresado que la Casa Blanca no tiene autoridad para reemplazar el TLCAN por un acuerdo comercial binacional. De tal manera, aun cuando veo difícil que Estados Unidos y Canadá logren un acuerdo en tres días, no dudo que el acuerdo se logrará y será trilateral.

Donald Trump debería de aprender lo que un compatriota suyo, Benjamín Franklin, dijo hace casi tres siglos atrás “nunca una nación se ha arruinado comerciando.”