|
Angélica
Méndez Zamora
Angélica.
Mujer extraordinaria en su paso por este planeta Tierra. Con
cuanto dolor nos enteramos de tu partida. No puedo hacerme
a la idea. Por ahí comenté: no es justo. Porque
tú eras como un sol, siempre radiante, llena de ilusiones,
de proyectos. Porque siempre estabas pensando en los demás,
no dejaste tiempo para ti. Te regalabas completamente a tus
niños, a tus amigas, amigos, a tu familia, al amor.
Porque eso eras tú: amor. Una belleza de mujer, alegre,
bailadora, juguetona. Para mí, como una hermana. Tuve
la fortuna de compartir contigo de todo, Angélica.
Toda tu presencia angelical siempre me contagió, tu
manera de ver la vida. ¡Ah! si hubiera sabido que te
marchabas sin decirme adiós. Como cuando me llevaste
a tomar el avión a California, aquel último
abrazo de tu frágil y tibio cuerpo, porque una nunca
sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Viviré con los recuerdos hermosos que compartimos.
Te decía que eras como un pajarito: tan pequeñito
pero al mismo tiempo tan fuerte para solventar todo lo que
te tocó vivir hermosa amiga, hermana, cuñada.
Qué suerte tuve por tenerte muy junto a mí.
Porque te extraño Angélica.
Pero temprano levantó la muerte el vuelo. Temprano
madrugó la madrugada. No perdona la muerte enamorada.
No perdonó a la tierra ni a la nada.
Hasta pronto pajarito.
Miana
Santa Rosa, California, EUA.
|