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La mafia
se vuelve gobierno
Mi
querido Eduardo: En un reciente viaje a un estado de la República,
platiqué con algunas personas que me permitieron darme
cuenta de lo hondo que han calado las mafias en la estructura
social de varias regiones del país. Como resultado,
hice una breve reflexión que te anexo, en la que por
obvias razones no doy lugares, ni mucho menos menciono nombres.
Con el afecto de siempre,
Héctor
¿Por
qué la mafia del narcotráfico se mantiene tan
campante? ¿Por qué la guerra que le declaró
el gobierno no le hace ni cosquillas? Aventuro una respuesta
audaz: gradualmente se transforma de mafia en gobierno. Sí.
Los capos se convierten, paso a paso, en mandamases en estados
de la República, una autoridad que adoptan con
más o menos desagrado los ciudadanos. Pero paradójicamente
empiezan a ganarse la credibilidad y confianza de la gente.
¿Cuál es la razón?
Por ejemplo, en algunas regiones del país, La familia
ya cayó en la cuenta que las personas requieren trabajo
y paz. Y justo es lo que brinda a las poblaciones. En los
territorios donde domina, en los que grupos rivales no tienen
cabida o no son competencia, lograron o están en vías
de lograr, eliminar muchos delitos comunes: robos, asaltos,
secuestros, etcétera. Para ello organizan brigadas
de vigilancia en los pueblos y rancherías. Los brigadistas
reciben un salario que no obtendrían de otra forma
en la informalidad ni dejando su tierra.
A su modo, La familia limpia, mediante esos cuerpos
de vigilancia, de malandrines a poblaciones y regiones enteras.
A su vez, brinda ocupación a la gente común
que no tiene otra opción. Con estas credenciales, dicha
agrupación se acerca a organizaciones de comerciantes,
de productores agropecuarios y a particulares para pedirles
su colaboración y así pagar la nómina
de los vigilantes, y claro, de los jefes, lugartenientes y
demás mandos de su estructura. Se trata de la encarnación
de Chucho el roto: quita a los ricos para darle a los
pobres. A su manera forjan un Estado paralelo que brinda bienestar.
Que se entienda: no justifico nada. Sólo explico un
hecho.
Mientras ese fenómeno acontece a ras de suelo, los
mexicanos sufrimos cotidianamente cómo se las gastan
nuestros gobernantes: son impunes ante crímenes, se
enriquecen a costa de nuestros impuestos, trafican influencias,
cometen todo tipo de tropelías y nada pasa. Además,
los servicios públicos son deficientes; la inseguridad
es rampante, amén de cacicazgos y falta de oportunidades
para emprender un negocio o encontrar un trabajo suficientemente
remunerado. Y para colmo, los grandes empresarios tienen permiso
para gravar a los mexicanos: por su condición monopólica
cobran impuestos disfrazados de precios cuando usamos la banca,
al comprar pan procesado, harina de maíz, productos
de acero, telecomunicaciones, cemento, bebidas y un largo
etcétera.
Cuando vemos la descomposición del gobierno mexicano
y de las elites gobernantes (empresarios y políticos),
que hicieron de México su botín, que compran
la injusticia, esquilman a los mexicanos y no garantizan seguridad,
entendida como salvaguarda de la integridad física
y patrimonial, así como satisfactores sociales mínimos,
como empleo, acceso a la salud, jubilación, seguro
de desempleo, podemos preguntar: ¿así quieren
combatir a las llamadas mafias, que están construyendo
redes sociales y de seguridad física y patrimonial?
Lo que vemos es el surgimiento de otro Estado, de pronóstico
reservado, pues el enorme número de mafias balcaniza
al país. Si las elites no cambian ni reforman las instituciones
con carácter urgente, se podría estar gestando
el fin de lo que hasta este momento es México.
Héctor
Valencia Barragán
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