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El pueblo
ya condenó
José
Manuel Gómez Porchini
jmgomezporchini@gmail.com
www.gomezporchini.blogspot.com
Monterrey,
Nuevo León. En México, el tribunal
superior, el que revisa los fallos de los órganos de
administración de justicia así como la actuación
ceñida a derecho de todos los demás entes que
forman el Estado, es la suprema corte de justicia de la nación.
Yo sé, como alumno egresado del instituto de la corte,
que debe escribirse con mayúsculas, pero también
sé, que el prestigio, el respeto, la dignidad, el decoro,
se conquistan, se logran, no se piden ni se imponen.
Para mí y para muchos mexicanos, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, la que emitió fallos
como el que terminó en la expropiación petrolera,
la que defendió los derechos de los obreros, era una
que inspiraba respeto, que imponía en sus formas y
que, vamos, hasta parecía tener algo de sacra.
Ahora, después de que, sabiendo perfectamente lo que
hacían, a pesar de algunos trucos legaloides sin importancia,
la corte emitió una resolución que condena y
fustiga con la misma rudeza que la carabina de Ambrosio el
actuar de todos los coludidos en el asunto de los niños
carbonizados por la responsabilidad de los que no hicieron
las cosas bien, pero que no alcanzan, para la corte, la calidad
de culpables, pues no les ha dictado sentencia vinculatoria
alguna, ya que a sus ojos, no alcanzan sanción, ha
perdido presencia.
Según, que alguna autoridad debe actuar y ellos ya
dieron el primer paso.
Sin embargo, para los que somos tropa, que no sabemos de esos
vericuetos legales o bien, que los resquicios de la ley nos
son ajenos, no entendemos la razón de que la corte
haya dejado pasar la oportunidad de demostrar a los cuatro
vientos que en México, sí puede haber justicia.
Cuarenta y nueve niños muertos y más de cien
lastimados de por vida, muchas familias destrozadas y sólo
por el afán de ganarse un peso más, son suficiente
razón para que la corte, atendiendo a Fuenteovejuna,
hubiera dictado sentencia vinculatoria.
México, el pueblo, ya citó, ya resolvió
y ya emitió su sentencia: hay culpables y tienen nombre
y apellidos.
La corte no ha hecho ni lo uno ni lo otro y menos aún,
lo último. Sugiere, tímidamente, como esperando
le llamen la atención, que podría, alguien,
asumir su función.
México ya no está para titubeos y los padres
de los niños masacrados, menos.
Ha dejado pasar la corte una oportunidad de oro para congraciarse
ante los ojos de los mexicanos, una oportunidad que quién
sabe si volverá a tener, pues nadie podría apostar
por la permanencia en sus muelles poltronas de los hoy aún
ministros que ofenden al pueblo con su salario. Si hubieran
resuelto como el pueblo exige, tal vez, podrían perdonarles
sus insultantes dispendios y sus emolumentos fuera de realidad.
Pero no lo hicieron.
Prefirieron perder todo, antes que ofender con una crítica
a unos tipos a quienes el pueblo ya condenó y sólo
falta se dicte la sentencia. Por cierto, la ejecución
de la sentencia, a manos del pueblo, no tarda. Créame.
Me gustaría conocer su opinion.
Vale la pena.
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