Diciembre de 2008
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Hacer posible la utopía

Estimado Eduardo, toda vida es una experiencia única e irrepetible. Si hace cuatro décadas saliste de tu tierra natal para vivir en la ahora, creo, ciudad más grande del mundo, pues qué bueno. Lo importante es que decidiste y ahí estás.
Decía Canetti que la única diferencia entre un escritor y un campesino común es que aquél escribe, y nada más, porque en ambos puede haber vivencias ricas y experiencias gozosas o desgraciadas. En fin, no es textual, pero por ahí va la cosa.
Entiendo que toda vida humana es valiosa per se, y si hay criminales o ladrones eso se debe a un sinfín de causas sociales y biológicas. Pero nunca debemos ver con desprecio a nadie. El hombre es resultado en gran medida de las circunstancias.
Te conozco hace 40 años y cuatro meses. Y la última vez que nos hemos visto fue hace 32 años, en algún receso del Congreso Latinoamericano de Periodistas, en junio de 1976, de donde surgió la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) que impulsaron el peruano Genaro Carnero Checa y Luis Suárez (ambos fallecidos ya), entre otros. Se pusieron muchas esperanzas en la organización periodística continental.
Muchos no hemos perdido la fe en los cambios sociales, pese a la feroz derechización desatada tras la extinción insólita de la URSS y la desaparición del que se llamó campo socialista en la era fenecida de la guerra fría, y de la confrontación Este-Oeste. Hay que decir que no ganó el capitalismo en aquel entonces, sino que perdió la humanidad. El capitalismo hegemónico (tigre de papel, le llamó Mao a la fase imperialista de que habló Lenin) se cae a pedazos en estos días. Y como dijo aquel gran timonel, la esperanza es lo que nunca debe morir entre los pueblos.
En otras palabras, Eduardo, me da gusto que recuerdes aquella decisión de hace cuatro décadas. Es de mal gusto hacer comparaciones, pero varios jóvenes de aquel tiempo son hoy diputados y senadores, supuestamente de izquierda, y puede ser que algunos hayan trocado la ideología por el plato de lentejas (no se me ocurre de qué podría ser el plato en estos días), la vida muelle y el dejar hacer, dejar pasar algunas leyes.
Creo que seguimos con el ánimo de hacer posible la utopía, aunque esto vaya contra la definición de la palabra. De lo contrario, qué triste papel haríamos. Creo que el cinismo todavía no ha mellado la esperanza. Seguimos vivos y eso es ganancia. ¿No crees?

Marcos Antonio Heredia Pérez
Mérida, Yucatán

 
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