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Fernández
de Cevallos en peligro
Jorge
Meléndez Preciado
jamelendez44@gmail.com
Se
cumplieron 75 días del secuestro de Diego Fernández
de Cevallos. Acerca de su desaparición se han tejido
las más variadas conjeturas, incluidas aquellas que
hablan de organizaciones guerrilleras de izquierda. Aunque
varias de ellas insisten que no son las responsables del rapto
de quien es, todavía, hombre importante en la política.
En un primer comunicado, se mostraba al individuo que fue
impedido de presentarse con su tradicional puro, con un paliacate
en los ojos y una publicación. El martes 27 de julio,
apareció nuevamente sin poder ver, desnudo del torso
y un ejemplar de la revista Proceso del domingo 23
de mayo, justamente donde aparece una foto del excandidato
presidencial.
También se dio a conocer, sobre todo a través
del periodista José Cárdenas, una carta a sus
familiares, en especial a su hijo del mismo nombre, y a su
pareja sentimental, Lilián León Maldonado El
texto es realmente dramático.
Señala Diego a su vástago: "Si no puedes
llegar a lo que piden sí puedes hacer un planteamiento
que demuestre voluntad de negociar, no evasivas. Cualquier
consejo que le hagas al "pobre" (aquí seguramente
se trata del contacto de los secuestradores) es absurdo y
será fatal".
Agrega: "He perdido peso y mi fatiga es cada día
mayor. Por eso el tiempo es determinante. Es preferible un
gran esfuerzo pronto que ilusionarse con los que ya no podrá
ser después".
Estamos ante un hombre que la vida puede fugársele.
Y muestra como todos, hasta los más supuestamente aguerridos
y/o valentones, somos vulnerables en las condiciones de indefensión
que se encuentra el aludido.
Pero dichas situaciones no llegaron de manera espontánea.
Fueron producto de un adelgazamiento del Estado, el cual ahora
ya no tiene la fuerza, la destreza, la posibilidad de enfrentarse
seriamente a los poderes fácticos. Al contrario, esos
nuevos factores de poder imponen sus condiciones y hasta se
dan el lujo de decidir en que terreno se lucha.
Hace poco conocimos el artículo periodístico
de Claudio X. González Guajardo, dando por concluido
el ciclo de la administración de Felipe Calderón.
Los recientes bombazos y asesinatos al por mayor, amén
de las fosas comunes en diversas partes de la nación,
donde se encontraron cadáveres al por mayor, y la guerra
que libra el narco contra Felipe Calderón, mostrando
diversas formas de organización de los cárteles:
ejercito regular, pandillas como grupos de asalto, propaganda
en la red de manera sistemática y la corrupción
que emerge por todas partes, incluso en los penales que se
pensaban de alta seguridad, todo eso hace patente que las
cosas no son fáciles para quienes aseguraron que el
mercado resolvería todo.
En el caso que nos ocupa, el de Fernández de Cevallos,
quienes lo tienen en su poder envían por correo electrónico
sus mensajes. Se catalogan así mismos como "misteriosos
desaparecedores". Son tan irónicos que catalogan
a Diego como el "archiduque de Escobedo", se burlan
de los cuerpos policiacos, dicen que éstos no han dejado
de investigar y dan lecciones de cómo deben hacerse
las cosas.
Dicha agrupación malévola, dicen los que saben,
ha cometido anteriores secuestros de empresarios sobresalientes,
algunos dados a conocer y otros que ni siquiera se mencionaron.
Tienen una red operacional tan bien estructurada para que
el plan dure meses. Hacen que los dineros se les depositen
en naciones con paraísos fiscales. Y saben de inteligencia
y contrainteligencia militar y policiaca.
Las pandillas son parecidas a las que se dedican al narcotráfico,
el tráfico de armas y la trata de personas. Ese trío
es de lo más redituable en este momento, lo que demuestra
claramente que los negocios ilícitos se han impuesto
y son ahora el filón de oro. Pueden funcionar, obviamente,
porque tienen apoyo en los altos círculos políticos
y empresariales. Incluso a los grillos los han corrompido.
En el mensaje de los captores de Diego señalan que
luego de las pláticas con el abogado, hoy saben mucho
acerca de sus relaciones con diferentes personajes de la vida
política y hasta amorosa de Fernández. Es decir,
no son unos personajes que busquen únicamente el dinero,
sino influir en el poder.
Diego insiste que lo ayuden, económicamente, varios
de sus amigos cercanos y socios, aclarando que no dejará
de solventar todos los préstamos. Y parece que no obstante
su antigua presencia intimidante para muchos, ahora únicamente
le toca pedir favores.
La administración de Felipe Calderón no pareciera
estar preocupada en el asunto. Más bien sigue el apotegma
económico "dejar hacer y dejar pasar". Una
muestra más que la fortaleza que se insiste tiene el
Estado y el gobierno no es tal. Más bien estamos en
un cuadro donde los viejos colores se han deslavado y ahora
el rojo y el negro predominan.
Estamos ante un asunto que puede tener repercusiones políticas
graves. Deberían hacer quienes tienen posibilidades
el mayor esfuerzo para ayudar al amigo. Pero 50 millones de
dólares no son cualquier cosa, ni siquiera para quienes
se han enriquecido utilizando los negocios públicos
y privados a la vez.
Deseamos, para bien de todos, que este episodio no termine
mal.
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