Julio de 2010
Quienes Somos
Directorio
Suscripciones


 

Infourmex

 

No hay libertad de expresión

Eduardo López Betancourt
elb@servidor.unam.mx

Felipe Calderón es a todas luces un presidente a la vieja usanza priísta, le molesta la crítica, gobierna con sus "cuates", aunque éstos sean una caterva de mandrias; peor aún, gusta de proteger a entes innobles para pagar facturas de arreglos vergonzantes.
Recientemente, el primer mandatario mexicano asistió, en una de sus constantes travesías turísticas al extranjero con el apoyo del presupuesto federal, a la Universidad de Harvard; ignoramos si fue visita privada, o si realizó en ese lugar alguna actividad oficial; lo cierto es que llamó a esa institución su alma mater, donde sin duda aprendió a honrar y servir a los gringos.
Bien se sabe, Calderón es afecto a los viajes, obvio, mientras él no los pague. Como buen neopriísta acostumbra hablar de todo y por todo; así lo hizo el pasado 30 de mayo en un acto obcecado y ridículo. Resulta que el "jefe purépecha" decidió trasladar del Ángel de la Independencia al Castillo de Chapultepec los restos de los héroes patrios, entre otros, de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y José María Morelos; es más, dice que investigará si corresponden tales restos a los próceres mexicanos, como si ello ayudara en algo a aliviar la dramática situación que vivimos o fuese conveniente; es innegable, las acciones exhibicionistas e insulsas han sido la característica del hombre de Los Pinos.
El caso es que Calderón pronunció un discurso con palabras entrecortadas, se desconocen los motivos; ahí dijo: "En México, en mi gobierno, hay libertad de opinión". Sin embargo, la cruda realidad es otra; lo que afirma don Felipe, en nuestra República es una quimera, los medios de comunicación en su mayoría cierran las puertas a voces independientes; la televisión, radio y prensa escrita aztecas sólo permiten voces de los amigos e incondicionales, acordes con la comparsa oficial.
Respecto a lo anterior, mi amigo Nino Canún lamenta que no me dejen trabajar con él en la radio, simplemente estoy vetado por decisión de la Secretaria de Gobernación. De forma análoga, no puedo escribir en algunos periódicos, particularmente de la cadena de los Soles y Nuevo Excélsior, de las cuales son dueños unos impresentables alpargateros españoles.
La libertad de expresión en la República no existe, hay control del Estado, aun en la publicidad, como testigo está un periodista honesto y de convicciones cimentadas, Eduardo Ibarra Aguirre. En México, en el gobierno de Calderón, son nulas las posibilidades de crítica, quien se atreve a intentarlo es víctima de persecuciones e inclusive está ante la posibilidad real de ser privado de la vida.
También señaló Calderón que en México "se puede elegir". Nada más falso, aquí sólo es factible votar por los candidatos de los partidos políticos fieles al gobierno, ya que hablar del PRI, PAN o PRD es referirnos a "la misma gata, sólo que revolcada"; en ocasiones tratan de aparentar rivalidad, pero en el fondo es pura pantomima.
Pasamos por momentos críticos, lo que se dice no se cumple. Por cierto, como colofón a su discurso, Calderón repitió lo que dijo Morelos: "Morir es nada cuando por la patria se muere…". Esto debe entenderse como un planteamiento temerario por parte del michoacano, hecho digno de analizarse; ¿acaso Calderón está dispuesto al sacrificio personal? Ello es mucho decir y no es precisamente lo mejor; morir no debe ser la finalidad del estadista, por el contrario, debe tratar de vivir para lograr que sus ideas germinen.
Para nadie es secreto, México hoy por hoy no es tierra de libertades, estamos ante un militarismo atroz, violatorio de lo que dicta la Constitución Política. Hace poco fui a dar una conferencia a La Paz, Baja California, y es en verdad impactante ver los aeropuertos tomados por el Ejército; mi esposa y yo al bajar del avión, fuimos revisados hasta las uñas por milites abusivos, cobardes "mata niños y estudiantes". Es en suma indigno vivir bajo el mando de militaroides, quienes con cara de malhechores, con lentes oscuros, sudando incultura y prepotencia, están prestos para masacrar sin miramientos a una indefensa población.
Algún día, y en eso formulamos votos, tendremos un gobierno incluyente, ajeno a intereses creados, y más aún personales; por ahora vivimos una auténtica ley de la selva, donde son cotidianos el canibalismo, la descalificación e ignorancia presente en todas sus formas. Atravesamos por una época oscura, carente de objetivos, donde los riesgos de perder nuestra dignidad, patriotismo, identidad y vida son latentes.

Suscríbete