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Infancia
explotada
Lilia
Cisneros Luján
prensa@cocuac.org.mx
Sin
opacar un ápice el negocio futbolero, uno que otro
noticiero mencionó, así como de pasada, el Día
internacional en contra del trabajo infantil. En el tono
acostumbrado de amarillismo se dieron cifras: tres millones
en México dijeron algunos, otros hablaron de un millón
en el Distrito Federal, pero nadie se ocupó seriamente
de un tema que simplemente roba la infancia de millones.
Mientras discursos y estudios van y vienen, en la Navidad
del 2003 Edwin Pérez, migrante boliviano en Europa,
documentó en una bella pieza literaria, el caso de
los niños abandonados -por madres que no tienen forma
de subsistir- llamados "radio patrullas" en su país
latinoamericano, que llevarán el apellido del policía
que los salvó.
Por su parte, varios escritores argentinos y en general de
América Latina, en 2004 ofrecieron a los interesados
en el tema casos muy concretos de explotación infantil
mediante el trabajo: Benetton, empresa fundada en 1965, con
tiendas de ropa en 120 países y accionistas en negocios
de autopistas de peaje, telecomunicaciones, inmobiliarias
y agrícolas, fue centro de escándalo por el
trabajo de niños de entre 11 y 13 años, en una
de sus maquiladoras en Turquía (la fábrica de
Bermudas Tekstil en Estambul).
La transnacional Coca-Cola fue también señalada
en 2004 por Human Rights Watch, ya que usa el producto de
un trabajo infantil que es tan peligroso como generalizado,
me refiero al azúcar, cuya zafra en El Salvador requiere
que los niños usen machetes para cortar la caña
y arrancar las hojas de los tallos. Un trabajo que realizan
hasta nueve horas al día bajo un sol abrasador. Casi
todos los niños entrevistados por Human Rights Watch
para su informe de 139 páginas, Oídos sordos:
Trabajo infantil peligroso en el cultivo de caña de
azúcar en El Salvador, dijeron que habían
sufrido heridas en las manos o las piernas cortando caña.
Estos riesgos hicieron se calificara la cosecha de caña
de azúcar como una de las formas más peligrosas
de trabajo agrícola.
Con cierto aire de resignación, podemos ver reportajes
o cortometrajes de niños hindúes en las fábricas
textiles, dejando sus años de formación para
la vida en los talleres de tapetes o, de infantes mexicanos
en las ladrilleras y los campos agrícolas de Sinaloa;
pero poco dicen los ganadores de premios en las cadenas comerciales
de comunicación, sobre el trabajo de niños chinos
-entre 12 y 17 años- que empacan los juguetes regalados
para infantes occidentales en las tiendas Mc Donald's. En
china, a donde han emigrado muchas maquiladoras de ropa, electrodomésticos
y otros, los trabajadores niños -generalmente mujeres
llamadas dagongmei- laboran entre 14 y 18 horas, con 15 minutos
para comer y cuatro horas para dormir, en la parte posterior
de los talleres que funcionan casi como cuarteles militares.
Una buena parte de estos productos terminados y empaquetados
por niñ@s que se conducen como robots, usted los adquiere
sin el menor sentimiento de culpa en los almacenes Walmart.
Pero "aterricemos México", se estima que
más de 20 mil niños en 2009 fueron repatriados
desde Estados Unidos, en donde muchos son utilizados por las
mafias. La asistencia de consulados latinoamericanos en aquel
país, a niños que reciben trato de criminales,
es cercana a los 100 mil cada año. Lo más grave
es que el trabajo al que son sometidos en ambos lados de la
frontera, se vincula con la pornografía y el uso comercial
de su sexualidad. La cifra no puede determinarse, sólo
es claro que es Estados Unidos uno de los países con
mayores consumidores de "este producto", resultado
del delito de trata de personas, en el cual "trabajan"
niños migrantes de Oaxaca, Michoacán, Zacatecas
y Puebla.
¿Dónde quedan entonces los derechos del menor
aprobados en una convención internacional y en diversas
constituciones nacionales que estipulan que "el niño
siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y
bajo la responsabilidad de sus padres" y salvo circunstancias
excepcionales, no deberá separarse al niño de
corta edad de su madre y tener una familia y disfrutar de
la convivencia familiar y comunitaria?
Como siempre, lo que se privilegia en los "medios de
sumisión", son los efectos. El trabajo infantil
tiene su causa en el desempleo de los adultos que deberían
sustentarles: padres, hermanos, abuelos e incluso orfanatos
e instituciones auténticamente altruistas. El hambre
es el precedente de homicidios infantiles, abandono, venta
de menores y consecuentemente del trabajo de niños
que igual cargan una caja de chicles que una gorra donde solicitan
la "coperacha" para el indígena que toca
el acordeón, habida cuenta que éste no necesariamente
es su padre sino un "mestizo" que le explota a él
y a su madre. Sí, hay miles de niños en México
cargando bultos en las centrales de abasto en vez de ir a
la escuela, una escuela por cierto modificada al modo del
mundo neoliberal, en donde lo público es devaluado
al promover que lo privado -en ello incluyo el salir en la
pantalla chica, como pobre o discapacitado sin que por ese
servicio publicitario se les pague nada- es mejor, porque
ahí se conforma al "hombre nuevo", ése
que privilegia la privatización, excluye a los desposeídos
y usa niños de todo el mundo para trabajar en una visión
de gente bonita como la retratada en las revistas de elite.
En ese mundo, los niños que trabajan carecen de un
lugar donde realizar una vida normal, con alimento, salud,
educación y juegos. En ese mundo se convierte en negocio
de expiación a las "iniciativas" de rehabilitación
psicológica y física para unos cuantos escogidos
por los causantes de su misma explotación. Explotación
que usa en contra de la infancia el arma de destrucción
masiva más efectiva: el hambre de miles de niños
en el mundo forzados a trabajar para mal comer, a costa de
aceptar el robo de su infancia.
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