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Atrapados,
sin salida
Lilia
Cisneros Luján
prensa@cocuac.org.mx
Por
varios años, la propaganda mediática ha dado
cuenta de atrocidades perpetradas por jóvenes, quienes
luego de asesinar a compañeros y maestros deciden suicidarse.
Además de las decenas de vidas sacrificadas en universidades
de Estados Unidos hay muchos casos registrados tanto en países
de primer mundo, Finlandia o Alemania, como en los emergentes,
de estudiantes de muy alto nivel que como en el caso de Dimitris
Patmanidis, de 19 años y originario de la república
exsoviética de Abjasia, irrumpió una mañana
de abril del año pasado en la escuela técnica
en la que estudiaba en Grecia disparando contra un compañero
de su misma edad. Su nota suicida justificaba el acto por
la burla y desprecio del que era objeto
Las escenas, miles de veces repetidas, de la golpiza de estudiantes
españolas contra una inmigrante latinoamericana, no
son menos violentas que la muerte de otros tantos, casi siempre
retraídos tranquilos y buenos alumnos.
¿Serán sólo los juegos y videos violentos
que les proporciona la tecnología, los precursores
de tales hechos? ¿Son los padres culpables por el pretendido
desamor a sus hijos? Cito el caso de Grecia, pues se ha declarado
que es la primera vez que esto ocurre en ese país y
también por el hecho de que la escuela pertenece a
un programa que se encarga de encontrar ocupación laboral
a los desempleados y se dirige a las capas de menos ingresos.
Pero esta violencia social o de algunos grupos de la sociedad
ya no es sólo protagonizada por personas de corta edad.
No ha muchas semanas, que una maestra de biología de
la universidad de Alabama -Amy Bishop de 42 años- asesinó
a tres colegas, supuestamente por ser víctima de la
injusticia "de no haber sido promovida en su empleo",
y en China, la falta de trabajo por el cierre de casi 30%
de las empresas exportadoras, está disparando el índice
de suicidios de empresarios medianos, en proporciones similares
a las de Brasil y otros países llamados emergentes.
Con el resentimiento -a veces en el plano de lo subconsciente-
que hay en contra de quienes emprenden algún negocio
exitoso, el vulgo -llamado así por los antiguos romanos-
explica estos sacrificios "porque no están dispuestos
a ser pobres", "porque no soportaron la andropausia"
-hay estudios que establecen que la mayoría de los
empresarios que toman este camino tiene entre 40 y 45 años-,
"porque su ambición les impidió ser cautelosos
con las operaciones bursátiles", "porque
no quieren ir a la cárcel", etcétera.
Más allá de las fantasías vengativas,
lo cierto es que ninguna propaganda por más costosa
y bien armada en su diseño que sea, puede revertir
la evidente imposibilidad de justificar un sistema financiero
mundial que ha profundizado la distancia entre los que todo
tienen y los que carecen de lo mas indispensable.
¿Será la iniquidad en el reparto de la riqueza
el común denominador en estos actos de homicidio y
suicidio? ¿Qué papel juega en tal desesperanza
-de desempleados y empresarios medianos- la corrupción
de los diversos niveles de gobierno y la insensibilidad de
los dueños del capital?
México no escapa a esta actitud mundial. ¿Cuántas
personas se han arrojado al paso del metro? Además
de la droga ¿qué disparó el homicidio
de dos gemelas a manos de su propia madre? ¿Por qué
se masacró a unos jóvenes en Juárez?
¿De verdad la única causa es el narcotráfico
y las guerras de pandillas?
Quizá reflexiones serias sobre el tema fueron las que
inspiraron el discurso del general Galván en el Día
del Ejército. "Si la lucha se alarga en exceso
se causará un daño adicional a la población
que podría habituarse a la cultura de la violencia,
y ésta genera distorsiones a las percepciones colectivas".
Tendremos análisis diversos del discurso, que seguramente
se moverán entre matices de considerar sus palabras
como un acto de insubordinación al jefe constitucional
de las fuerzas armadas o la que yo prefiero: una orientación,
y más aún, una rectificación del propio
presidente, encomendada a una de las personas de su mayor
confianza en el gabinete. No creo en la versión del
alejamiento, sobre todo por el anuncio presidencial del aumento
en las prestaciones para los miembros del Ejército,
esto sería suicida si no mediara la confianza. Si interpreto,
por el bien de México, un cuidado de las formas, para
el golpe de timón que evite un alud de críticas
por el actuar pasado, encargando esta estrategia, a alguien
interesado en que la vida institucional vuelva a su cauce.
Trascendente por cierto en el contexto de los trabajadores
de la mina de Cananea "dispuestos a todo porque no tengo
nada que perder", unos empresarios mineros sin fórmula
alguna para dar salida al conflicto, un secretario del Trabajo
que actúa más como porro que como autoridad,
un movimiento laboral cooptado o con muchos de sus actores
pervertidos en componendas extralegales y una población
desesperada entre el aumento de precios, el escaseo de productos
y el terrorismo fiscal.
Al igual que lo hizo el secretario de la Defensa, muchos otros
deberían declarar para que la población esté
segura del deslinde de quienes no sean culpables del aumento
del predial, el IVA, el agua o el IETU. Quiero pensar que
no todos los miembros del Poder Judicial deben ser arrastrados
por el lodo de las componendas entre bufetes de influencia
o actores -públicos y privados- acostumbrados al cochupo
más que a la justicia, sobre todo en un escenario de
desesperación manifestada en todo el mundo.
Millones de seres humanos en el planeta nos sentimos como
atrapados sin salida, enfrentando cotidianamente la exclusión
de gobiernos insensibles, inmersos en la burocracia, alejados
de sus gobernados y además víctimas de acaparadores
ignorantes de que casi 80% de las familias en las cuales todos
sus miembros sobreviven por la informalidad, son de clase
media.
Los mecanismos de agresión desaparecerían si
se atacan las causas. El hombre que decidió quemar
su casa y estrellar su avión en contra de la oficina
de Hacienda en Austin, Texas, no habría llegado a ese
punto de agresión de no haberse sentido agredido. Los
empresarios de Ciudad Juárez, al igual que muchos,
han preferido perder todo lo material con tal de salvar su
salud mental y su vida ¿Están pensando en ello
el nuevo secretario de Hacienda y el gobernador del Banco
de México? No hacerlo es arriesgarse a que no quede
nada para nadie.?
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