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Nada en
Juárez sin los juarenses
Clara
Jusidman / CIMAC
cimac@laneta.apc.org
El
miércoles 3 de febrero regresé de Ciudad Juárez
después de haber sostenido varias reuniones con representantes
de organizaciones civiles y con varios académicos.
Estamos en el proceso de actualizar el estudio La realidad
social de Ciudad Juárez que realizamos entre 2004
y 2005 y que fue publicado en 2007 por la Universidad Autónoma
de Ciudad Juárez.
Como resultado de ese trabajo en 2005 habíamos elaborado
una lista de focos rojos que difundimos ampliamente. Advertíamos
sobre los factores económicos, sociales y culturales
que habían venido contribuyendo a la creación
de un ambiente violento y de alto riesgo en la ciudad.
Habíamos encontrado que por más de 20 años
la adopción del modelo maquilador había generado
una gran demanda de mujeres trabajadoras provocando un desequilibrio
entre el número de mujeres y de hombres en edades de
trabajar. Una consecuencia de ello era la presencia de una
mayor proporción de hogares encabezados por mujeres
solas.
Esto ocurrió sin que el Estado acompañara la
mayor participación de las mujeres mediante la creación
de estancias infantiles para el cuidado de los niños
pequeños. Observamos también jornadas de trabajo
mayores que en el resto del país, bajos salarios, volatilidad
de los horarios, triples jornadas de las mujeres, con sólo
cinco horas de sueño en promedio de las mujeres madres
de familia.
Una proporción alta de jóvenes entre 12 y 16
años desertaban de la escuela y esperaban a cumplir
16 años para incorporarse a la maquila, situación
que los ponían en riesgo de ser capturados por las
bandas del crimen organizado ante ofertas de ingresos altos,
aún comparativamente frente a los que obtendrían
al incorporarse a largas jornadas en las plantas maquiladoras.
A lo anterior se agregaba la falta de pertinencia de los contenidos
y modelos de educación media y media superior, ante
la realidad concreta de los jóvenes juarenses.
Otra situación detectada fue una muy elevada tasa de
crecimiento de la población que no fue acompañada
por un aumento de los servicios sociales (escuelas, hospitales,
estancias infantiles, lugares de recreación), ni de
oferta de viviendas, ni de infraestructura urbana. El 50 por
ciento de la población de la ciudad había nacido
fuera de ella.
Esta situación a la par de la especulación de
la tierra en beneficio de unos cuantos y el aliento de los
partidos políticos a invasiones de terrenos riesgosos
e inhabitables, provocó una segmentación de
la ciudad por clases sociales, con zonas carentes de toda
infraestructura urbana, casas construidas con desechos de
la maquila, donde habitaban los trabajadores y sus familias,
frente a zonas donde se concentraba la infraestructura social
y los servicios disponibles. No es sino hasta los últimos
años, que se logró elevar la cobertura de acceso
a agua, drenaje, energía eléctrica y pavimentación
de calles.
Asimismo detectamos que el constante conflicto entre los tres
órdenes de gobierno se tradujo en importantes vacíos
de poder, a lo que se sumó un trato injusto de los
gobernadores de Chihuahua y de las instituciones federales
hacia Ciudad Juárez al no devolverle en servicios e
inversiones, las importantes aportaciones que había
venido haciendo en impuestos y cuotas del Seguro Social.
Después del diagnóstico contenido en el estudio
no sucedió nada, excepto un programa municipal de estancias
infantiles, la construcción de algunos parques y centros
comunitarios y una clínica de salud. En cambio, la
especulación de la tierra continuó avanzando
con 21 mil hectáreas en el pretendido desarrollo de
San Jerónimo -el equivalente al territorio actualmente
cubierto por toda la ciudad- y el interés por extender
la ciudad hacia el sur, mediante el gancho de construir la
Ciudad del Conocimiento en medio del desierto.
La muerte, el secuestro y la extorsión se volvieron
parte de la vida cotidiana. Una especie de limpieza social
mediante la desaparición y criminalización de
jóvenes empezó a hacerse presente.
Ciudad Juárez, como decía una profesora de la
UACJ, es una catástrofe humana, con efectos tan devastadores
como un tsunami, pero no existe ni la conciencia, ni el interés,
ni el compromiso de los gobiernos, ni de la clase política,
ni de los partidos, ni de la sociedad nacional por asumirla
como tal.
El ataque de un comando fuertemente armado y perfectamente
coordinado, a 60 jóvenes estudiantes que festejaban
un cumpleaños y un triunfo deportivo, muestra el alto
grado de avaricia, corrupción, impunidad, prepotencia
y violencia que domina en la ciudad.
No se trató de una pelea de pandillas, ni del ataque
a operadores de otra banda, como lo declararon en su momento
el presidente de la República y el secretario de Gobernación,
faltando a la dignidad de los jóvenes fallecidos y
de sus familias. Se trata de víctimas civiles de una
guerra entre dos bandas del crimen organizado por el control
del territorio, cada una de las cuales es apoyada por miembros
de la clase política-empresarial y de las fuerzas de
seguridad y justicia.
En las reuniones realizadas encontré a mis amigos y
amigas de las organizaciones desconcertados, desalentados,
asustados y profundamente enojados.
Ciudad Juárez ha sido fuertemente golpeada por la crisis
económica y por la violencia.
Se habla de 80 mil empleos perdidos, de entre 7 mil y 10 mil
huérfanos y de un aumento de la población con
discapacidad por heridas de arma. Cientos de mujeres han quedado
solas con sus hijos y no tienen el dinero suficiente ni siquiera
para trasladarse a los centros donde las organizaciones les
ayudan a procesar su luto.
Mencionan a jóvenes que abandonan la escuela por no
tener para cubrir los costos de los materiales de los talleres
y prefieren vivir bien aunque sea por corto tiempo, colocando
al Chapo como su modelo. Señalan que por primera
vez, la ciudad decrecerá en su población pues
100 mil familias se han ido a vivir a El Paso y un porcentaje
alto de migrantes veracruzanos retornaron a sus tierras de
origen. Hay 110 mil viviendas abandonadas, la cuarta parte
de las disponibles en la ciudad, y se observa una fuerte caída
en la asistencia escolar.
Las alternativas para sobrevivir están destruidas pues
hasta las pequeñas actividades informales son sujetas
de extorsión.
Pero lo que me parece todavía más doloroso es
que en Juárez hay hambre creciente, niños que
se desmayan en las escuelas, pequeñitos que procuran
comer lo más que pueden los viernes en la estancia
infantil porque saben que durante el fin de semana no habrá
comida en su casa; organizaciones que ahora tienen que apoyar
a familias completas con alimentos.
El excepcional capital social que tenía la ciudad en
sus organizaciones civiles se está agotando paulatinamente.
Las organizaciones han entrado en deudas para sostener sus
servicios que son el último refugio de solidaridad
para muchas familias juarenses. Las maquiladoras y las lastimadas
empresas pequeñas y medianas que sobreviven ya no les
están dando apoyo. Las fundaciones extranjeras se están
retirando de la ciudad.
Las organizaciones ciudadanas están buscando opciones
para hacer algunas actividades que les generen ingresos para
sostener sus servicios, pero agotando sus fuerzas y sus últimos
recursos.
Ciudad Juárez que tenía cerca de un millón
y medio de habitantes se está muriendo pero aún
así, y ante el riesgo de intervenciones simplistas,
ingenuas e incluso, interesadas, por parte de instituciones
públicas federales, se oye una exclamación "Nada
en Juárez, sin los juarenses".
Esperamos que así lo entiendan los tres órdenes
de gobierno, que dejen sus intereses electorales y de poder
y asuman su verdaderas responsabilidades frente a una ciudad
que es emblemática de lo que está ocurriendo
en muchas otras en todo el país.
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