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El Ejército
a los cuarteles
Rodolfo
Sánchez Mena
sanchemena@yahoo.com
Los
candidatos presidenciales del 2012 tendrán como discurso
el regreso del Ejército a los cuarteles. Plantear lo
contrario será suicida políticamente, inclusive
para el candidato del PAN, quien quiera que éste resulte
ser.
Para quien quiera estar tentado o comprometido con mantener
la presencia de fuerzas militares y policiacas en el país,
antes de hacerlo debe reflexionar el costo en votos que tendrá
y, sobre todo, si llegara a ganar las tragedias nacionales
a las que se enfrentará. Los asesinatos de Ciudad Juárez
y Parral, Chihuahua, se quedarán chicos, de no modificar
los dos ejes de la guerra especial contra México.
La guerra contra el narcotráfico, durante la contienda
electoral, tendrá un giro de 180%. La estrategia electoral
de los candidatos abordará otros temas de mayor interés
y cercanía de los electores, para obtener su voto.
Imagínense a cualquier candidato en Michoacán
o en Chihuahua, en lugar de ofrecerles paz, empleo y seguridad
familiar, les diga que va a mantener e incrementar la guerra
contra el narcotráfico.
Lo mismo sucederá con el Plan Mérida, el que
lejos de ser escalado para convertirse en un programa de asistencia
militar directo, pasará a un segundo término
y será objeto de meras declaraciones hasta tanto se
logra un acuerdo que le dé fin al carácter intervencionista.
Como vemos el debate actual, centrado en la guerra contra
el narcotráfico como prioridad y sustancia de todas
las acciones del gobierno de Felipe Calderón, tendrá
un vuelco definitivo. Nadie en su sano juicio optará
por un programa de gobierno suicida y sin salida.
El empeño de Calderón por mantener obsesivamente
su estrategia fallida, está muy lejos de la creencia
en que ha obtenido resultados serios, convincentes, de ser
la opción correcta y sin cambio alguno de sus supuestos.
Si esto es así para Calderón, para la mayoría
que apoya la estrategia de guerra contra el narcotráfico
y la política de seguridad pública, es un negocio
considerable.
La compra de equipos militares, aviones, helicópteros,
armas, parque, escudos, uniformes, etcétera, da poder
a quienes autorizan su compra y promueven en los medios día
con día, hora con hora, y minuto a minuto, sus supuestos
resultados que no son otros que un baño de sangre de
miles de mexicanos.
Estos intereses por mantener en las calles al Ejército
en la campaña del 2012 con el pretexto de dar seguridad
a los candidatos y a las elecciones presidenciales, tratarán
que las fuerzas armadas, la Marina y las policías sigan
siendo un negocio sin importar los costos de vidas de mexicanos.
Las cárceles se han llenado de miles de campesinos
y marginados urbanos, levantados por las "fuerzas del
orden" señalados como miembros del crimen organizado.
Su culpa es ser pobres u obligados a sembrar estupefacientes
para los capos protegidos desde "arriba".
La liberación de miles de mexicanos presos y sin proceso
en estos campos de concentración, será un tema
de campaña para aprobar una gran amnistía y
reconciliación nacional. No se puede gobernar con miles
de mexicanos recluidos por una estrategia errática
y dirigida hacia el negocio.
El regreso de miles de soldados y marinos a sus cuarteles
y bases, es no sólo una demanda social sino de los
propios involucrados que se han visto afectados junto con
sus familias.
La redefinición de la seguridad pública y nacional
así como los principales servicios civiles, será
una gran tarea y propósito del futuro gobernante del
2012
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