Marzo de 2010
Quienes Somos
Directorio
Suscripciones


 

Infourmex

 

Guillermo Galván, mi general

Felipe Moreno
felipemoreno0326@prodigy.net.mx

"No me saques sin motivo, ni me guardes sin honor". Ninguna guerra se gana por el número de muertos. La presente administración federal comenzó por la popa y ha ido poco a poco naufragando. Los fantasmas de aquellos muertos que habéis matado os persiguen constantemente, señor presidente Felipe Calderón.
Y es que no puede entenderse de otro modo un discurso político pronunciado por un militar; un soldado cuya forja está hecha para siempre obedecer.
Para muchos analistas, periodistas y expertos en el tema de la administración y la política, el texto leído, más no escrito por el general de división Guillermo Galván fue inusual. Ya lo leí, y lo releí y no encontré nada fuera de lo común, así se mueven y manejan en la tienda verde. ¿Quién quiere dividir a los soldados y marinos en sus cuatro vertientes? Nombres mi general, no son momentos para hacer ese tipo de aseveraciones. Zapatero a tus zapatos, podría ser la más inmediata respuesta. La política es para los políticos, la defensa de las instituciones y de la patria es responsabilidad intrínseca de las fuerzas armadas.
Puede ser la primera ocasión que un presidente de la República se resbale o se equivoque al invadir esferas o toma de decisiones que no le corresponden. El mote de jefe nato de las fuerzas armadas, sólo tiene carácter administrativo, mas no operativo y eso lo sabe un infante o un soldado raso. Si el general secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván recomendó en su encomienda ponerse de acuerdo en materia política -sobre todo a partidos y dirigentes- así debe entenderse y no tomar la instrucción al pie de la letra. En política también hay guerras, y uno que otro muerto, sólo que raras veces se contabilizan, o bien se dan en un lugar determinado del territorio nacional, pero se cuentan en otras partes. Así son las guerras, no debería extrañarnos.
Un militar, un soldado o un marino, simplemente recibe instrucciones, obedece. No está diseñado para pensar, no tiene siquiera ese derecho. Obedecer es una palabra permanente en su diccionario. Y saber obedecer va más allá de lo que un simple mortal pudiera imaginarse. Todos sus actos y movimientos se fundamentan en la lealtad, mas no al hombre, sino a las instituciones que ese hombre representa.
Quien haya entendido o mal interpretado el mensaje del general Guillermo Galván Galván en otro sentido que no fuera a favor de la llamada "reforma" política del presidente Calderón, está exagerando. El Ejército Mexicano no intervendrá en la lucha política de los partidos, ni menos desatará una guerra en su contra. Ya tenemos demasiadas bajas, no se preocupen señores de la política. Aunque, conociendo a Felipe Calderón, que todo lo quiere resolver con los verdes o los azules, sería bueno recomendarle un tratamiento profesional en materia psicológica o psiquiátrica, como se hace con aquellos policías después de un evento donde un ser humano pierde la vida por sus manos. Bien haríamos los mexicanos en preguntarnos ¿Por qué esa orden al soldado, al simple subordinado, para meterse en la vida política de México, y sobre todo en esos términos?
Un soldado, simplemente recibe órdenes y las cumple, nunca pregunta ni se cuestiona. Comisión siempre supera rango. ¿De dónde viene pues la instrucción para apuntalar la "reforma" política, que todos saben comenzó con la presentación de un folleto, allende nuestras fronteras y por los rumbos del norte del continente americano?
¿Quién nos trata de manipular? ¿Y sobre todo dividir y amedrentar? Como si esa "reforma" fuera la panacea o solución a todos nuestros males, incluso los relacionados con el crimen organizado o directamente los del narcotráfico.
A una provocación de tal tamaño, una sugerencia en los mismos términos: "No me saques sin motivo, ni me guardes sin honor", ningún cuerpo armado puede manejarse como si fuera un juguete y menos para amedrentar o recomendar soluciones en el orden político. Ésa no es su forja ni su naturaleza, señor presidente.

Suscríbete