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Guillermo
Galván, mi general
Felipe
Moreno
felipemoreno0326@prodigy.net.mx
"No
me saques sin motivo, ni me guardes sin honor". Ninguna
guerra se gana por el número de muertos. La presente
administración federal comenzó por la popa y
ha ido poco a poco naufragando. Los fantasmas de aquellos
muertos que habéis matado os persiguen constantemente,
señor presidente Felipe Calderón.
Y es que no puede entenderse de otro modo un discurso político
pronunciado por un militar; un soldado cuya forja está
hecha para siempre obedecer.
Para muchos analistas, periodistas y expertos en el tema de
la administración y la política, el texto leído,
más no escrito por el general de división Guillermo
Galván fue inusual. Ya lo leí, y lo releí
y no encontré nada fuera de lo común, así
se mueven y manejan en la tienda verde. ¿Quién
quiere dividir a los soldados y marinos en sus cuatro vertientes?
Nombres mi general, no son momentos para hacer ese tipo de
aseveraciones. Zapatero a tus zapatos, podría ser la
más inmediata respuesta. La política es para
los políticos, la defensa de las instituciones y de
la patria es responsabilidad intrínseca de las fuerzas
armadas.
Puede ser la primera ocasión que un presidente de la
República se resbale o se equivoque al invadir esferas
o toma de decisiones que no le corresponden. El mote de jefe
nato de las fuerzas armadas, sólo tiene carácter
administrativo, mas no operativo y eso lo sabe un infante
o un soldado raso. Si el general secretario de la Defensa
Nacional, Guillermo Galván Galván recomendó
en su encomienda ponerse de acuerdo en materia política
-sobre todo a partidos y dirigentes- así debe entenderse
y no tomar la instrucción al pie de la letra. En política
también hay guerras, y uno que otro muerto, sólo
que raras veces se contabilizan, o bien se dan en un lugar
determinado del territorio nacional, pero se cuentan en otras
partes. Así son las guerras, no debería extrañarnos.
Un militar, un soldado o un marino, simplemente recibe instrucciones,
obedece. No está diseñado para pensar, no tiene
siquiera ese derecho. Obedecer es una palabra permanente en
su diccionario. Y saber obedecer va más allá
de lo que un simple mortal pudiera imaginarse. Todos sus actos
y movimientos se fundamentan en la lealtad, mas no al hombre,
sino a las instituciones que ese hombre representa.
Quien haya entendido o mal interpretado el mensaje del general
Guillermo Galván Galván en otro sentido que
no fuera a favor de la llamada "reforma" política
del presidente Calderón, está exagerando. El
Ejército Mexicano no intervendrá en la lucha
política de los partidos, ni menos desatará
una guerra en su contra. Ya tenemos demasiadas bajas, no se
preocupen señores de la política. Aunque, conociendo
a Felipe Calderón, que todo lo quiere resolver con
los verdes o los azules, sería bueno recomendarle un
tratamiento profesional en materia psicológica o psiquiátrica,
como se hace con aquellos policías después de
un evento donde un ser humano pierde la vida por sus manos.
Bien haríamos los mexicanos en preguntarnos ¿Por
qué esa orden al soldado, al simple subordinado, para
meterse en la vida política de México, y sobre
todo en esos términos?
Un soldado, simplemente recibe órdenes y las cumple,
nunca pregunta ni se cuestiona. Comisión siempre supera
rango. ¿De dónde viene pues la instrucción
para apuntalar la "reforma" política, que
todos saben comenzó con la presentación de un
folleto, allende nuestras fronteras y por los rumbos del norte
del continente americano?
¿Quién nos trata de manipular? ¿Y sobre
todo dividir y amedrentar? Como si esa "reforma"
fuera la panacea o solución a todos nuestros males,
incluso los relacionados con el crimen organizado o directamente
los del narcotráfico.
A una provocación de tal tamaño, una sugerencia
en los mismos términos: "No me saques sin motivo,
ni me guardes sin honor", ningún cuerpo armado
puede manejarse como si fuera un juguete y menos para amedrentar
o recomendar soluciones en el orden político. Ésa
no es su forja ni su naturaleza, señor presidente.
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