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La guerra
de Calderón no es tuya
José
Francisco Gallardo Rodríguez
generalgallardo@yahoo.com.mx
Al
poder impune que nos gobierna.
No
es del imperio de la impunidad de donde debe florecer la justicia.
De más de 23 mil ejecuciones de mexicanos, reconocidas
por el gobierno, ya perdí la cuenta, pero auguré
desde el primer año de esta administración que
Calderón, de terminar su gestión, acumularía
más de 40 mil muertes desde la declaratoria de "guerra
contra las drogas", sin contar viudas, huérfanos
y lisiados. Una quinta parte de los cadáveres los abona
Ciudad Juárez, con 5 mil 400 a partir del lanzamiento:
Operativo Conjunto Chihuahua 2008 (Proceso 1755).
El 10 de junio, a cuatro décadas de la masacre estudiantil
de 1971, como para conmemorar la fecha con un baño
de sangre, fueron asesinadas más de 77 personas, así
se registra el día más violento en lo que va
de la administración "democrática"
panista. Sin embargo, Calderón disfrutaba de la fiebre
futbolera en Sudáfrica.
Días después, desencajado pero ufano, en un
mensaje dirigido a la nación, señaló
que "la lucha contra el crimen organizado, no es sólo
la lucha del presidente, sino de todos los mexicanos, y en
particular de aquellos que tenemos la responsabilidad pública
en el gobierno. Por eso tu participación es vital,
porque la lucha es de todos, tu denuncia o la información
que nos hagas llegar es vital. El mandatario destacó
que el gobierno federal cuenta con una estrategia para combatir
al crimen organizado y proteger a los ciudadanos. En esta
etapa estamos debilitando al crimen organizado, hemos dado
golpes importantes a todos los cárteles, sin
excepción, lo que ha generado división. Por
esa razón, pero sobre todo por sus tradicionales rivalidades,
entre ellos se han generado ejecuciones violentas entre las
bandas de delincuentes" (Reforma, 16 de junio
de 2010).
Con una visión desviada, lo asegunda el responsable
de la seguridad interna, con un regaño a la prensa
durante los honores fúnebres a 15 policías muertos
por el "crimen organizado" en Michoacán y
Chihuahua, días antes. Gómez-Mont exigió
a los medios de comunicación que vinculen de mejor
manera a la opinión pública con los cuerpos
de seguridad, ya que el compromiso de policías, marinos
y soldados no puede ser desconocido en la banalidad o en la
crítica ligera. En el mismo acto, García Luna
afirmó que "los recientes ataques del crimen contra
la policía buscan el repliegue de las autoridades y
que se frene el combate a la delincuencia organizada. Pero,
afirmó, no vamos a ceder, no vamos a claudicar, no
va a haber marcha atrás" (La Jornada, 16
de junio de 2010).
Si vemos, por un lado, este mensaje no va dirigido a la nación
sino a Washington y a la opinión pública internacional
por los señalamientos que Calderón recibió
en su visita reciente a EUA, por algo lo dirán, de
que el gobierno en la "guerra contra las drogas"
acumula miles de violaciones graves a los derechos humanos
y por favorecer al cártel de Guzmán Loera;
por el otro lado, nadie en su sano juicio busca que la autoridad
se repliegue del combate a la delincuencia, lo que se quiere
es que los agentes encargados de hacer cumplir la ley, respeten
el Estado de derecho, no cieguen vidas de nadie, menos de
inocentes. Además, ¿cómo que la "lucha
es de todos los mexicanos", cuando Calderón declaró
como enemigos a más de 38 millones que lo repudian?
Pero qué hay atrás de todo esto; por un lado,
la "guerra" contra las drogas es una acción
indirecta de Calderón para legitimarse en el poder,
después de su llegada al poder impuesto por militares;
por tanto, no tiene que ver nada con la lucha anticrimen,
por ello el repunte de la impunidad y el cinismo del gobierno
ante tanta muerte; por el otro, es una política impulsada
desde Washington, tomada a pie juntillas por la oligarquía
que permite, de puerta abierta, la intromisión de Estados
Unidos en los asuntos internos de México.
La preocupación del gobierno no es la seguridad de
la sociedad, "tú y tu familia", como dice
Calderón, sino que ahora pende sobre la cabeza de políticos
y militares "como espada de Damocles", primero,
la amenaza del fracaso rotundo de la política y el
colapso del gobierno, y segundo, ser juzgados por crímenes
de lesa humanidad en las cortes internacionales.
Por ello, ahora se impulsa desesperadamente por parte del
gobierno la Ley de Seguridad Nacional, un marco jurídico
que lejos de regular la actuación de las fuerzas armadas
en la lucha contra las drogas, es una ley de inmunidad para
secretarios de Estado, legisladores, políticos y militares
que han violado la Constitución y los derechos humanos.
No es propio de una sociedad sana observar, como sin nada
ocurriera, que se ciegan vidas por razones ligadas al poder
y que esos crímenes permanezcan en la impunidad, porque
al trivializar la muerte política, la convertimos en
una amenaza que puede caer sobre todos.
Así las cosas, la falta de voluntad para resolver los
problemas de inseguridad son resultado del espíritu
de antijuridicidad en la que ha caído el gobierno de
una derecha mojigata y apátrida.
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