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Realidades
insoslayables
Fausto
Fernández Ponte
ffponte@gmail.com www.faustofernandezponte.com
"La
guerra por la independencia no ha terminado; la Revolución
Mexicana fue parte épica de ese anhelo independentista
malogrado".
John Womack, Jr.
I
El
aserto del celebrado historiador estadunidense Womack, autor
del libro Zapata -prohibido en México por el gobierno
de Gustavo Díaz Ordaz, quien censuró también
La cultura de la pobreza, de Óscar Lewis- antójase
verismo insoslayable.
Y tráese a cuento dicho verismo por los sucedidos siguientes:
Uno, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía
e Informática (INEGI) informó que 39 millones
700 mil mexicanos de la otrora clase media han transitado
(no por voluntad propia) al umbral de la pobreza, estando
a punto de sumarse así a 50 millones de pobres.
Otro, la Confederación Patronal de la República
Mexicana (Coparmex), grupo de interés y de presión
política del gran empresariado, informó que
las causas del alzamiento indígena zapatista de 1994
"continúan vigentes". Sin resolver, pues.
Uno más, el gobierno contempla diseñar y aplicar
un programa de erradicación de la pobreza en México
en el contexto de las celebraciones del bicentenario del Grito
de Dolores y el centenario de la convocatoria maderista a
derrocar a Porfirio Díaz. Y otro más, el gobierno
informó que más del 50 por ciento de los alimentos
básicos (maíz, chile incluso, etcétera)
de los mexicanos es importado de Estados Unidos.
II
Señálese
que esas informaciones enuncian con nitidez su propia naturaleza:
son efectos que, en su turno, adquieren también el
atributo de causas de otros fenómenos. Un mayor número
de mexicanos en el umbral de la pobreza tiene secuelas obvias.
Y la pobreza es más lacerante, por severísima,
en los pueblos indios de México -dueños históricos
del territorio que habitan desde hace 30 siglos, pero en los
hechos forasteros en su propio lar- y en el mestizaje rural
y lumpenproletario.
Esa miseria prevaleciente en los pueblos indios es consecuencia
de despojos, saqueos, rapiña y explotación desde
1519 a la fecha, primero por los españoles y, luego,
por los novohispanos y, ahora, por los descendientes -criollos-
de éstos.
Ante ello, ¿cómo pretende el poder político
panista del Estado (es decir, el gobierno) erradicar la pobreza
en el marco del bicentenario y el centenario? Lo que en el
fondo realmente pretende es engañarnos. La pobreza
deviene del modelo económico.
Modificar dicho modelo implicaría, por añadidura,
afectar los intereses de la élite oligárquica
-descendiente de los conquistadores- y sus operadores políticos
que se benefician del statu quo actual.
III
Un modelo
económico de honda vocación social sólo
puede ser establecido desde abajo -por los pueblos de México
y no por el poder político del Estado o por las élites
oligárquicas que han instalado a éste e influyen
en él.
Esto nos lleva al cuarto sucedido enunciado: la importación
de alimentos básicos, lo cual se traduce, primero,
en dependencia alimentaria y, segundo, en inseguridad alimentaria.
Éste es, visto así, un colosal problema de seguridad
nacional.
A ello incorpóranse otros sucedidos: alzas en esos
alimentos, en combustibles, en impuestos, en inflación,
devaluación del peso (en menos de tres años
la devaluación ha sido casi del 50 por ciento) en un
contexto dramático de desempleo creciente.
Esas informaciones nos describen, aun sin análisis
metodológico de causas y efectos y elaboración
de escenarios prospectivos y sin concatenaciones dialécticas,
realidades terriblemente ominosas, a saber:
Por un lado, que a 200 años de haberse iniciado la
guerra por la independencia de México (que a la sazón
se llamaba Nueva España, oprimidos sus habitantes por
la Corona hispana en poder de los Borbón), los mexicanos
continuamos oprimidos. Y, por otro lado, que a cien años
de haberse convocado un levantamiento armado por las mismas
razones del Grito un siglo antes, la opresión sobre
los mexicanos no sólo continúa imparable y creciente,
sino que se ha agudizado monstruosamente.
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